Fuente: EL NACIONAL
El palo mayor de la balandra Isabel marca sobre el cielo el tardo vaivén del puerto adormilándose en la penumbra del atardecer.
Un marinero, cansado y alegre, se apoya en la barandilla mohosa, rota por las olas, y silba una canción que oyó hace mucho tiempo.
Ese es un fragmento del cuento “La balandra Isabel llegó esta tarde”, que escribió Guillermo Meneses, autor venezolano siempre vigente. A partir de ese cuento se generó una nueva y gran vivencia para el teatro venezolano, aunque quizás nunca se supo con certeza y Guillermo Meneses apenas lo habrá pensado.
En ese cuento se interesó Bolívar Films para hacer una película y logró captar para una coproducción a los cineastas argentinos Carlos Hugo Christensen y Enrique Faustin, cuya empresa se llamaba Chrisfa. La película se rodó en 1949 y se estrenó en 1950.
Fue dirigida por Carlos Hugo Christensen, cuyo asistente de dirección era el joven actor Horacio Peterson. Se rodó con guion de Aquiles Nazoa, música de Eduardo Serrano y protagonizada por Arturo de Córdova, Virginia Luque, América Barrio, Juana Sujo, Tomás Henríquez, Néstor Zavarce y María Gámez.
El joven Horacio Peterson fue alumno del pionero del teatro moderno en Chile, Pedro de la Barra. Su nombre era Horacio Collao, pero en el arte se consideraba hijo de don Pedro de la Barra y por eso escogió Peterson como apellido.
La balandra Isabel llegó esta tarde y trajo a Horacio Peterson: esa es la síntesis de un inicio que transformó el teatro venezolano.
Horacio Peterson era un hombre teatro, un prodigio de la actuación, un maestro de la escena. Cuando llegó a Venezuela desde Chile, ya había protagonizado películas y había estado en varias obras de teatro. Actuó, dirigió, escribió y enseñó. Su vida fue una entrega al arte de la actuación. Él llevó a Carlos Giménez a Venezuela. Es obvio que el teatro venezolano contiene en su carisma esencial la exigente genética artística de Horacio Peterson.
Jairo Carthy dice algo que define muy bien lo que fue Horacio Peterson: “A Peterson había que reconocerle que te sacaba temperamento, volumen en la voz y fuerza interpretativa como fuera, gracias a esas técnicas vencí mi timidez e incluso llegué a hacer trabajos que nunca pensé que pudiera hacer y que nadie se atrevía a hacer”.
Jairo Carthy fue uno de los alumnos de Horacio Peterson. Es decir: fue uno de los seres elegidos y seleccionados para apasionarse eternamente por el teatro y dedicar su vida a la escena. Jairo ha cumplido al pie de la letra con ese designio.
La belleza como inspiración, la búsqueda de una expresión bien acabada y muy elevada en la actuación, han sido acompañantes de Jairo en su pasión por la actuación, en su alma vertida hacia el escenario.
Su devoción por la actuación y su entrega a esa existencia en la escena definieron su vida. Actualmente se dedica a escribir y a continuar su trabajo como diseñador. Ha publicado un libro que es memoria preciosa: Cómo soportar la vida con humor: las confidencias de un actor, una visión de lo que ha sido el arte de la actuación en Venezuela, una muestra de lo que se ha hecho y al mismo tiempo una narración fluida y optimista de todo lo que ha debido resolver para convertirse en actor y realizar una vida profesional en ese sentido.
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| Ediciones Choroní, 2025. De venta en Amazon y en autoreseditores.com |
Ese libro es una obra escrita con desenfado, precisión y hondura. El libro lo ha publicado la agrupación Escritoras Unidas & Cía. Editoras. Esa editorial generó el nacimiento de Ediciones Choroní, donde Jairo realiza diseños que reflejan su talento y dedicación.
Leer ese libro es enterarse de muchas intimidades importantes para conocer en profundidad el cuerpo y el alma del teatro venezolano. Para que se tome en cuenta la vida de un actor que lo ha dado todo por la escena y el arte, he aquí la entrevista con Jairo Carthy.
¿Puedes contar un poco tu experiencia con la ópera y el teatro?
Mi experiencia en el teatro ha sido lo mejor de mi vida. Fui alumno de Horacio Peterson, debuté con él y durante más de treinta años estuve activo como actor, teniendo el privilegio de ser dirigido por los más prestigiosos creadores de esa época. Es lo más importante que he realizado: tener una trayectoria en teatro y también en cine.
Comencé a trabajar en la Fundación Mito Juan Promúsica, destinada a la promoción de artistas de música clásica y a llevar sus carreras a un plano internacional. Fue creada y desarrollada por Mariangelina Celis, quien estuvo al frente durante muchos años, y yo a su lado apoyándola y aprendiendo, logrando que artistas de la talla de Abraham Abreu, José Francisco del Castillo, Harriet Serr, Antonio Bujanda e Isabel Palacios, entre otros, lograran su internacionalización.
En ese entonces conocí a Isabel Palacios, y como las actividades de Mito Juan finalizarían, me ofreció un cargo importante para trabajar con ella y con José Ignacio Cabrujas en la recién creada Ópera de Caracas. Acepté de inmediato; sentía que trabajando con ellos estaría un poco más ligado al teatro, y así fue.
Durante los años que duró la compañía aprendí muchas cosas: no sólo a entender y valorar cada título y compositor, sino lo difícil que era cantar de acuerdo a la tesitura que exigía cada partitura. Eso lo vivía a diario, pues teníamos el Taller Permanente de la Ópera de Caracas, donde se formaron muchos cantantes que luego hicieron una carrera profesional.
La ópera, sin duda, fue una gran escuela, y lamentamos mucho cuando se terminó. De la misma manera que un día Fundarte la creó, de un día para otro se terminó. Lo más triste es que el último montaje, que fue Don Giovanni de Mozart, tuvo un éxito sin precedentes. La puesta en escena de Cabrujas, la escenografía de José Salas y todos los que participaron en esa superproducción —cantantes, actores, coros, figurantes—, hicieron de ese montaje algo grandioso. Nunca nos imaginamos que, al caer el telón de la última función, sería el final de varios años de trabajo constante y superación.
¿Puedes hablar de tu colaboración y amistad con Cabrujas?
A José Ignacio Cabrujas lo conocía de lejos por mi trayectoria como actor. Lo admiraba no sólo como dramaturgo, sino como actor; verlo en La revolución junto a Rafael Briceño fue algo increíble. Estar presente en la noche del estreno mundial de El día que me quieras, de su autoría, interpretando el personaje de Pío Miranda, fue un privilegio que sólo pocos pudimos tener, pues el personaje era de Fausto Verdial y él retomó la temporada luego de recuperar su salud. Esa interpretación, y otras tantas, marcaron una admiración y respeto por él, sin imaginar que el destino me tenía preparada la sorpresa de conocerlo, convivir y hacer muchas cosas juntos.
Al trabajar en la Ópera de Caracas hicimos una amistad. Él había visto varios trabajos míos como actor y, por supuesto, para mí era muy importante trabajar con él. Allí, en la ópera, yo siempre estaba atento a lo que necesitaba, iba a los ensayos y aprendía.
Él tenía una relación con Isabel Palacios y, cuando se terminó la ópera, me fui a trabajar con ella en la Camerata de Caracas. Isabel y yo trabajamos juntos por más de cuarenta años, pero en la primera etapa de la Camerata no teníamos sede y por ello funcionábamos en la casa de Isabel. Los ensayos se hacían en una de las salas del Teatro Teresa Carreño. Ya José Ignacio e Isabel se habían casado y él tenía su estudio en esa casa. Gracias a ese trato diario y a la convivencia en esa casa, fui conociendo a un José Ignacio muy distinto al que se paraba a dirigir una ópera o una obra de teatro. Era muy tímido, muy genial y a veces muy torpe para muchas cosas; allí estaba yo dispuesto a ayudarlo y tenía una ternura increíble que contrastaba con esa voz de bajo profundo que tenía.
Nos llevábamos muy bien. A veces recibía personas en la sala y echaba cuentos y anécdotas, y yo me quedaba embelesado oyéndolas, aun teniendo cosas importantes por atender. Era increíble oír sus historias. Llegamos a tener una amistad tan grande que hasta su luna de miel con Isabel la dejó en mis manos; yo planifiqué todo para que fuera un viaje inolvidable desde que salieran de la recepción de la boda. Conocí al Cabrujas cocinero: era su verdadera pasión, siempre me lo decía: “Para mí es lo más importante y lo que más disfruto de la vida”. A veces me invitaba a almorzar, nos servíamos un whisky y, mientras cocinaba, hablábamos de muchas cosas, nunca de teatro. Por supuesto, los platos que hacía eran de un nivel sorprendente, muy elaborados; tenía una sazón exquisita. Era todo un chef que cuidaba al máximo los ingredientes; todo tenía que ser de primera calidad. Era todo un ritual sentarse a comer lo que había preparado.
Hicimos muchos planes juntos, unos se concretaron y otros no. Su muerte fue tan inesperada; tenía tanto que dar y estaba en su mejor momento como escritor de telenovelas, había muchos países que deseaban trabajar con él. Dejó un vacío enorme en muchos aspectos: como escritor (tenía varias columnas en la prensa y yo lo ayudaba en la logística del envío, etc., eran otros tiempos), como dramaturgo, como director, como amigo y como padre. En fin, era todo un artista. Qué bueno que lo pude conocer, disfrutar y aprender.
¿Estás escribiendo teatro aparte de los artículos?
No todavía, pero me encantaría hacerlo. Te confieso que siempre quise escribir, pero siempre me ha parecido que la literatura es un arte y una disciplina la cual respeto mucho. Pero he tenido tan buenos comentarios con mi libro Cómo soportar la vida con humor: confidencias de un actor, y ahora con la columna todos los domingos, que creo que me atrevería a escribir teatro. Podría ser fácil pues conozco, por mi experiencia como actor, los ingredientes que debería tener para que guste al público: las pausas, el ritmo, la duración... muchos detalles que pudieran serme útiles.
¿Dónde estás viviendo?
En Caracas. Aquí sigo a pesar de tantas cosas. No es fácil por toda la situación que se vive. La hiperinflación es tremenda y no es fácil para los que llegamos a la tercera edad; no tenemos oportunidades, parece que una trayectoria no es un buen aval para conseguir un empleo. Menos mal que las cosas a las que me dedico las hago por mi cuenta y así no dependo de nadie.
En estos inicios del nuevo siglo, ¿qué ha cambiado en tu modo de ver y hacer arte y cultura?
Definitivamente el concepto de hacer las cosas por el solo deseo de hacerlas. La entrega con que hace muchos años hacíamos todo ya no existe, ni la mística para enfrentar un trabajo en cualquier disciplina artística. Es cierto que la situación económica no ayuda, pero por ejemplo, yo trabajé en el diseño gráfico y allí sí cobraba lo justo; en cambio, hacer teatro era diferente, nunca estaba pendiente de cuánto me pagarían o si me pagarían. El amor al arte cubría todo y no sólo como actor: colaboré en muchas actividades teatrales y lo hacía sólo por el gusto de hacerlo. Pero ahora no es así; la gente que comienza quiere cobrar unos honorarios altísimos. No lo critico, pero a veces esa actitud hace que muchos proyectos no se lleven a cabo por los elevados costos en contrataciones.
¿Qué te entristece?
La falta de oportunidades que tienen los jóvenes actualmente en Venezuela. La falta de educación y los valores que se han ido perdiendo. A veces, cuando estoy con jóvenes y les cuento (yo hablo mucho) anécdotas o relatos, no lo pueden creer; creen que estoy exagerando y son las mismas cosas que yo viví cuando fui adolescente y que era lo normal para esos tiempos.
¿Cuáles palabras usas más?
“Excelente”, “muy bien”, “qué bueno”..., frases o palabras que conllevan algo positivo. Tampoco soy de las personas que les preguntas “¿Cómo estás?” y te contestan “¡Excelente! ¡Superbién!”, y te lo recalcan cuando tú sabes que no es así. Simplemente las empleo para dar énfasis a algo si se presta la ocasión. La verdad no me había dado cuenta sino hasta ahora que me preguntas.
¿Qué añoras?
Hacer teatro, volver a actuar, a crear un personaje, transformarme de nuevo en alguien más. Y tener presente que será la última vez; entonces sentiré que se cerró un ciclo que, como todo, tiene un final.
La escritura me llena totalmente; me da gusto escribir y que a la gente le guste o se entretenga y conmueva con mis relatos. Es algo que no esperaba, es un regalo con el que la vida me está premiando.
Como
parte de la trilogía escogida por el productor Benjamín
Cohen para configurar el espectáculo “Tres
dramaturgas del silencio al estallido,” se estrenó exitosamente PUERTA
ABIERTA AL MAR de la argentina-venezolana Viviana
Marcela Iriart. Este proyecto, donde se presentaban los tres montajes
simultáneamente, empezó el 13 de abril y se mantuvo en cartelera por dos meses
consecutivos en la sala de conciertos del Ateneo de Caracas. Las otras obras
escogidas fueron Las Tiendas del Sheik de Carmen García Vilar
y Casa en Orden de Ana Teresa Sosa.
PUERTA
ABIERTA…, cuyo texto inédito ha llegado hasta nosotros, explora el
desarraigo de sus dos personajes en diferentes planos.
En un
primer nivel, la obra versa sobre el re-encuentro ansioso de dos mujeres
separadas durante diez años. El tipo de relación de los personajes no se aclara
pero es obvio que ha existido un pasado íntimamente compartido –casi
simbiótico- desde la infancia y la adolescencia. Dunia y Sandra son ahora
mujeres en sus cuarenta y de aspecto profesional.
Acertadamente
el encuentro inicial esta coreografiado en una danza lenta en la que las dos
mujeres tratan de hallarse –como en una neblina – al mismo tiempo que reprimen
la exteriorización de sus conflictivas emociones. Con reserva, y tratando de
reconocer la huella dejada en ellas por el tiempo, las dos mujeres empezaran un
dialogo, tirante a veces, que ira desplegando las reacciones contenidas. Axial
ellas pasaran - con cautela y mesura - de la evocación a la risa, del canto a
la nostalgia, de la distancia….al tango!
El
espectador se entera de esta manera que la brecha abierta en esta pareja radica
en el motivo mismo del éxodo y en el rol que cada una ha asumido como razón
vital: Sandra ha cortado sus raíces de un tajo al dejar el país y llevar con
ella la denuncia vehemente de los abusos del poder; Dunia se ha quedado en un
destierro interno, acosada por el clima de amenaza e incertidumbre cotidiano,
usando mecanismos de defensa para sobrevivir los miedos. La nota álgida surge
cuando ambas partes confrontan sus versiones y expresan, con dolor, sus dudas
sobre la inutilidad del sacrificio vivido. Ambas, por otra parte, se sienten
acusadas y enjuiciadas por su contraparte y esa sospecha detiene el flujo del
afecto, del reencuentro y de la vida que ahora las reúne. El denominador común,
de estas posturas antagónicas, sale a flote cuando Sandra y Dunia cobran
consciencia de que la juventud nueva “no tiene memoria” y se ha olvidado ya de
ese capitulo de la historia que a ellas –y a miles de compatriotas- los marco
radicalmente. Ante esta realidad, la alienación aflora simultáneamente en las
dos compañeras. Y es allí donde la obra alcanza otros niveles de significación
mas amplios ya que traspasa la situación especifica de caracter político para
llegar a un nivel existencial donde la soledad y los recuerdos habitan sin dar
tregua.
De
manera magistral la autora ha intercalado, a lo largo de la obra, la voz
inconfundible de Susana
Rinaldi al punto que la letra de las canciones parece entretejerse con
los parlamentos de la obra, y, aun mas, parece crear un tercer personaje
omnisciente. El recurso de la música actúa igualmente como soporte certero,
como raigambre profunda de estos seres fragmentados. El final esperanzador, que
se da a través de la voz de Rinaldi cantando apropiadamente “A pesar de todo”. así
como en la aceptación conciliatoria de Sandra y Dunia, atenúa tiernamente la
tensión emotiva mantenida en alto a lo largo de la pieza.
Es
oportuno añadir que Viviana
Marcela Iriart –novelista y periodista – estuvo refugiada en el
consulado de Venezuela a los 21 años, etapa en la que empezó su exilio que la
llevaría a varias latitudes hasta ubicarse en Venezuela. A juzgar por el
interés manifestado con el estreno de PUERTA
ABIERTA…es dable augurar a la escritora Iriart muchos éxitos en sus futuras
obras.
Dra. Susana D. Castillo (San Diego State University)
Universidad de Kansas, Otoño 2007, Estados Unidos
AMARNA
A la memoria de Ana Iriart, mi mamá.
(25/1/1925-16/8/2008)
Reina niña.
Reina madre.
Amarna ya no existe
pero el perfume perdura.
Nefertiti
reverencio
la inmortalidad
de tu Dios inexistente
de tu paso de papiros y miel
de tu memoria presente.
Beatriz Iriart
Desde muy joven la poeta Beatriz Iriart se enfrentó a la batalla cruenta del dolor, a la angustia existencial de vivir, y a las enfermedades que azotaron su frágil cuerpo, pero nada de eso impidió que escribiera con una fuerza demoledora para plasmar su visón del mundo.
La poesía entró en su vida para mostrar que la muerte es, desde siempre, esa incógnita que todo ser humano quiere desentrañar, y es por eso que sus poemas contienen una dosis justa de verdad, un desgarramiento interior que conmueve, además de una belleza otorgada por las palabras precisas que utiliza.
Algo que encontramos en los poemas de Beatriz Iriart me hace recordar lo que la poeta, escritora y filosofa española María Zambrano escribió en uno de sus ensayos: “la poesía es pensamiento, pero un pensamiento que no se separa de la vida. No piensa sobre la experiencia: piensa desde ella. Por eso la poesía no argumenta; revela. Y esa revelación no llega como certeza lógica, sino como emoción: una emoción que no es sentimentalismo, sino comprensión súbita”.
“Cuando un poema nos conmueve de verdad, no es porque haya tocado una fibra sensible cualquiera, sino porque ha puesto palabras —necesarias e inevitables— a algo que intuíamos sin saber decir. La emoción es el signo de que la idea ha alcanzado su forma justa”.
Por su parte, Susana D. Castillo, escritora e investigadora ecuatoriana escribió: “Leerte es dejarnos conducir de tu mano sensible a esos resquicios que tratamos de ignorar sabiendo a plena conciencia que están allí, inmutables, acechándonos”. (…) “Tu trabajo poético, tu examinar estos desaciertos fantasmales de la humanidad, nos compromete a estar alertas a los procesos personales y colectivos por los que deambulamos torpemente. No es fácil, Bea, leer este hurgar en el dolor que reside en tus poemas… en ellos reconocemos nuestras cavilaciones más íntimas, nuestro perplejo cuestionar que tratamos de colocar en un estante, ¡hasta la próxima!, y recubrirlo con la rutina incesante cotidiana”.
Mientras que la escritora chilena-estadounidense Sonia M. Martín señaló: “Leer los poemas de Beatriz, nos hacen sentirnos inmersos de alguna manera en los versos de Alejandra Pizarnik y de Sylvia Plath. No obstante, hoy, nos encontramos en el torbellino de los versos de Beatriz… y su poemario La Muerte quiere…”.
Además, el escritor Félix Esteves subrayó que: “La estética de la poesía de Beatriz López Osornio no nace de la observación pura o de las sensaciones insustanciales de los elementos sino de la interioridad de la poeta y la luz o la sombra que ella proyecta sobre la vida”. (…) “Al hablar del conflicto apetencia-aversión hacia la vida es porque vemos en cada uno de sus poemas o en casi todos, un grito desesperado por la vida, una exaltación a la sobrevivencia de los seres animados y los inertes, pero siempre tomados de la mano o bailando con la muerte, en este sentido hay una dualidad, un juego casi morboso y pizarnikiano de ver y sentir la realidad. Algunas veces da la impresión que sus poemas son escritos en trances donde ella se pelea con la vida por morir o estando ya casi muerta o desfallecida lucha por sobrevivir”.
Beatriz Iriat nace en otoño, 12 de mayo, en La Plata, Argentina. Miembro de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos de California y Capítulo Internacional en Internet (SELC y CII), California, Estados Unidos. Publicó los libros: Perspectivas, 1977; Collage de Cinco, 1981; Extraño Linaje, 1984; La Muerte Quiere…, 2003; La Muerte Quiere…, segunda edición, 2016; Te He Soñado Tanto Libertad, 2025. Su obra ha sido traducida al inglés y al portugués en varios países, y la han publicado en diferentes antologías en su país y en el extranjero. Estudió cerámica y pintura. Formó parte del movimiento underground en la década del 70, colaborando con la revista literaria Machu Picchu.
La compositora venezolana Diana Arismendi, compuso en el año 2015 la obra In memoriam, en conmemoración del Holocausto, inspirándose en el poema Yo estuve en Auschwitz, de la poeta Beatriz Iriart. Concierto organizado por el Espacio Anna Frank de Caracas, con la participación de la Orquesta Sinfónica de Venezuela dirigida por el maestro Alfredo Rugeles.
Holocausto: Con poemas de Maiakovski, Elsa Langer, Beatriz Iriart y un texto de Javier Romañach. La Fundación Rey Ardid recordó al millón de personas con discapacidad asesinadas por los nazis / España, 3 de febrero de 2015.
España, febrero 2023. Amlega rinde homenaje a las personas LGTBI asesinadas durante el Holocausto, el FARO de Melilla.
Melilla Media, España, enero 2023. El Área de Cultura y Amlega rindieron homenaje a las víctimas del Holocausto Rosa a través de una exposición itinerante. Se leyó el poema Números de la poeta argentina Beatriz Iriart y un extracto del libro La Persecución Nazi de los Homosexuales acompañados por melodías a violín.
– La higuera donde estudiaba y donde con mis hermanas esperábamos que llegara el colectivo que traía a mamá de su empleo, subidas a la rama más alta.
– Vivíamos en el campo y esos olores y perfumes no se hallan en la ciudad. Sólo los recuerdo al pensarlos.
– Mi padre fue un hombre despiadado que abandonó la familia y mi madre hizo las veces de madre-padre siempre. Mamá era una mujer muy culta y liberal. Sin prejuicios entre la cultura popular y la cultura clásica, además de ser docente y asistente social. Me introdujo de su mano al extraordinario mundo de la música, el cine, la ópera, el teatro y la literatura. Era una mujer revolucionaria para su época por ejemplo: por pregonar la libertad en todos sus órdenes e inculcárnoslo.
Nunca tuvimos televisor, pero sí infinidad de libros y diccionarios que yo leía e investigaba los días de lluvia, los demás días lo hacía en la rama de la vieja higuera en la cual también estudiaba.
– Sí. Decreto. En respuesta a un regaño de mamá.
– La Cabaña del Tío Tom y La Historia de San Michele.
– Me refugiaba en ambas, un poco con cada una y en total soledad.
– Mi mamá y sí, me alentó a seguir.
– Reuní y escribí poemas. Hallar la editorial fue catastrófico. Al final se publicaron en una editorial subterránea. Las revistas subterráneas me ayudaron a difundir mi poesía, publicando: Perspectivas, 1977; Collage de cinco, 1981; Extraño Linaje, 1984; LA MUERTE QUIERE…, 2008., Me alejé de los círculos literarios por no coincidir con sus temáticas.
– Cambié la firma en un homenaje tardío a mi mamá. Luego vino el Lupus Eritematoso Sistémico y conviví con la muerte largos años. Y todo cambió para bien.
– Anoto lo que pienso en espacios oníricos, luego los paso a Word.
– No.
– Sí, para plasmar un poema que verá la luz horas después.
– A veces el poema se dicta solo, otras en el comienzo se ve el final. Y a veces no suceden ninguna de las dos cosas.
– No tengo rituales.
– Pienso en quien leerá los escritos, pero no en un lector ideal.
– Sí, la crítica de Eliahu Toker, poeta argentino, la de Sonia M. Martin y la de Susana Castillo
– Te he soñado tanto LIBERTAD, de ediciones Choroní 2025. Cuya portada es un cuadro de la artista plástica Claudia Patricia López Osornio y el diseño gráfico una obra de arte del diseñador y amigo Jairo Carthy.
– Todos los libros de Julio Cortázar.
– Rincones de Buenos Aires, de Leila Aisen.
– El proyecto es con Ediciones Choroní para publicar LA MUERTE QUIERE… con mínimas modificaciones
– Me he tornado más selectiva, más solitaria.
– Es un adelanto filoso, se puede usar para buenas causas o no.
– Quitan tiempo y anulan los espacios de lectura, pero son un mal necesario.
-El egoísmo.
– Escribir poesía es la manera de transmutar el dolor que vive en mí desde los 10 años, porque a esa edad yo ya era una anciana.

A la memoria de Primo Levi
(1919-1987)
Yo estuve en Auschwitz.
Yo parí hijos
de amargura, dolor y espanto.
Yo anduve descalza
en el fango de un campo con flores segadas
al igual que las semillas frescas
de nuestros rebaños.
Y hoy a los 61 años
de la liberación del campo:
Soy una sombra
una mujer sin rostro.
La desolación y el hambre.
Yo…
yo estuve en Auschwitz.
27 de enero del 2006
A la memoria de Julio Cortázar
Lamento no dar lo que requieren
Lamento no obviar dos trazos de “Rayuela”
para alcanzar el “cielo”.
Lamento no transmutar heridas de antaño
ulceradas, putrefactas
en malestares leves.
Pero más lamento
no atiborrar con sabiduría y afecto
y regar tus huecos de huérfana
desolada y esquiva.
“Sólo el trabajo os hará libres”
(Leyenda del campo de concentración de Auschwitz)
Sacaron boleto para la próxima estación. El chofer
los trató cortésmente. Intercambiaron opiniones,
recuerdos y algún futuro cercano. Arribaron. Las
melancólicas notas envolvían la niebla mañanera.
Los acompañaron hasta la descomunal exposición,
ante el inmenso collage donde había sueños,
huesos, ilusiones, miedos, pero ningún rostro.
Pronto comenzarían las tareas en el atelier. La
música se deslizaba dulcemente. Se desnudaron – la
higiene era la disciplina fundamental para esa faz del
arte. Las duchas ayudarían a ello.
Sacaron boleto para la próxima estación. La obra
quedó inconclusa. El gas, involuntariamente, los
sumergió, en el inmenso collage sin rostros.
Hay estado de sitio
en la ropa raída
en los pesares diarios.
Hay estado de sitio
en las barricadas
cuando amanece
y no hay amor
y hay hambre.
Que necedad creer
que llegará el otoño con dignidad
y que sus hojas no caerán.
Que necedad creer
que nos amaremos hasta el final.
Que necedad
no asumir que tu ausencia también será mía.
Que necedad
creer al despertar que habrá otro día más.
Que necedad
mirar el reloj y no aceptar
que ya no hay más horas, ni risas, ni llantos
solamente oscuridad.
De niña tuve un vergel
de canela y cinamomo.
Hoy la muerte ronda
en mi jardín de niña
para que ignore los aromas cálidos
y solo sienta el óxido
de la sangre tibia
de los vergeles huérfano.
Me hiere la risa que apuñala
como antes.
Los silencios extensos
por donde emergen los fantasmas.
No tener respuestas
al túnel de sombras.
Los fuegos estólidos.
Los profanadores de esperanzas
Los rostros que se esfuman
desconociendo
que como ayer
los estamos esperando.
La muerte quiere
que me pinte de amarillo
para opacar al sol
y danzar en penumbras
hasta que la luna
deje blancos mis huesos.
Cuando partas
los cipreses no llorarán
sobre tu tumba
porque no habrá tumba
sólo recuerdos.
En los abismos de fuego
en las lunas y las bóvedas
el azur y los silencios
danzan
las ominosas vírgenes
pretendiendo sepultar
Oriente y Occidente.
Para desterrar
EL PASADO.
Nos quedamos sin lágrimas.
Secos en cuerpo y alma.
La piel árida.
Nos tornamos en desierto.
En parias de herrar vagabundo.
Somos LOS HEREDEROS
de la crueldad devastadora
que azota aún
salvaje y furtiva
el reposo de los moribundos.

Fuente: Tiberíades
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