"Poetry and painting have always been sisters, speaking different languages to convey the same truth. While Rudyard Kipling sculpted a monument to human fortitude with words in his poem "If," the art of Claudia Patricia López Osornio seeks to capture that same essence through color, form, and texture.
Why unite these two disciplines in a single book? Because a modern painting is not just an image; it is a visual response to Kipling's "If." Where the poet speaks of keeping one's head, the artist finds balance in composition. Where the verse speaks of rebuilding with worn-out tools, the painting reveals the beauty of matter-the relief and the layering of pigments that narrate a story of strength.
In this book, the poem ceases to be a static text and becomes an atmosphere. The works presented here do not merely illustrate the poem; they inhabit it. They are the reflection of that "unforgiving minute" which the artist has managed to fill with sixty seconds of pure creation".
Excerpt from the prologue.
La poesía del color por Jairo Carthy
"La poesía y la pintura han sido, desde siempre, hermanas que hablan distintos idiomas para decir la misma verdad. Mientras RudyardKipling esculpió con palabras un monumento a la entereza humana en su poema “If”’, el arte de Claudia Patricia López Osornio busca capturar esa misma esencia a través del color, la forma y la textura.
Mientras Rudyard Kipling esculpió con palabras un monumento a la entereza humana en su poema "If"', el arte de Claudia Patricia López Osornio busca capturar esa misma esencia a través del color, la forma y la textura.
¿Por qué unir estas dos disciplinas en un solo libro? Porque un cuadro moderno no es solo una imagen; es una respuesta visual al "Si..." de Kipling. Donde el poeta dice mantener la cabeza en su sitio, la artista plástica encuentra el equilibrio en la composición. Donde el verso habla de reconstruir con herramientas desgastadas, la pintura nos muestra la belleza de la materia, el relieve y la superposición de capas que narran una historia de fortaleza.
En este libro, el poema deja de ser un texto estático para convertirse en atmósfera. Las obras aquí presentes no ilustran el poema; lo habitan. Son el reflejo de ese minuto implacable que la artista ha logrado llenar con sesenta segundos de creación pura".
Was a prominent British writer and poet born in Bombay, India (1865) . He is world-renowned for his storytelling skills and his tales set in British India.
His most famous works include The Jungle Book, Kim, and the poem “If”.
In 1907, he became the first English-language author to receive the Nobel Prize in Literature, and he remains the youngest recipient of the award to this day.
His writing style is characterized by its celebration of heroism, duty, and life during the era of the British Empire.
Fue un destacado escritor y poeta británico nacido en Bombay, India (1865). Es mundialmente conocido por su capacidad narrativa y sus relatos ambientados en el Oriente británico.
Sus obras más famosas incluyen El libro de la selva, Kim y el poema “If”.
En 1907, se convirtió en el primer autor de lengua inglesa en recibir el Premio Nobel de Literatura, siendo hasta hoy el galardonado más joven en esta categoría. Su estilo se caracteriza por celebrar el
heroísmo, el deber y la vida durante el Imperio Británico.
CLAUDIA PATRICIA LÓPEZ OSORNIO
She studied set design at the La Plata Theater School (Argentina) and fine arts painting under artists Mirta Rosetti and Cristina Manganiello. She has participated in both solo and group exhibitions in Argentina, Canada, and Venezuela.
In Venezuela, she was invited by the prestigious puppeteer Eduardo Di Mauro to lead lighting works-
hops for puppetry in Caracas and throughout the country.
She is currently a member of the Friends of MACLA (Museum of Contemporary Art of La Plata).
Estudió escenografía en la Escuela de Teatro de La Plata, Argentina y pintura con las artistas Mirta Rosetti y Cristina Manganiello. Ha realizado exposiciones individuales y colectivas en Argentina, Canadá y Venezuela, país en donde también dictó Talleres de iluminación para títeres en Caracas y el interior del país, invitada por el prestigioso titiritero Eduardo Di Mauro.
Es miembro de Amigos del MACLA (Museo de Arte Contemporáneo de La Plata).
Al llegar a la casa, me detuvo el conserje del edificio: - Sr. Jairo, ahora tenemos a dos actores en
este edificio. Una colega suya se acaba de mudar al piso 10; es una mujer
espectacular: Cristina Reyes.
No pude ocultar mi asombro. Su llegada era tan inesperada como incómoda.
En aquel entonces, ella representaba toda la frivolidad, superficialidad y
pedantería que se les atribuía a las actrices de televisión. Ojalá las cosas
hayan cambiado, pero eso era lo que el medio les exigía; luego entendí el por qué.
Yo la conocía de verla en alguna telenovela: era dueña de una belleza fuera de
serie, pero siempre encarnaba a la malvada de la historia, a la mujer
acaudalada y triunfadora. Nunca interpretaba a alguien común que debiera
trabajar para ganarse la vida. Esos elementos, sumados a su porte y distinción,
contribuían a la imagen de que era, definitivamente, una diva inalcanzable que
caía pesada.
Un día, sonó el timbre de mi apartamento. Antes de abrir, pregunté: - ¿Quién
es? - Soy yo, Jairo. Cristina , escuché
del otro lado.
No entendía nada. ¿Cristina Reyes? ¿Cómo sabía mi nombre? Al abrir la
puerta, efectivamente era ella, pero una versión que jamás imaginé: sin una
gota de maquillaje, descalza, vistiendo unos shorts rosados, una blusa corta
blanca y el cabello recogido en una sencilla cola. Su aspecto era el polo opuesto
a la imagen que yo guardaba de ella.
-Tu nombre me lo dio un amigo que tenemos en común - continuó diciendo -.
Me sugirió que viniera, pues siempre es bueno contar con el apoyo de un vecino,
y siendo tú actor, ¿quién mejor para iniciar una amistad?
Alargó su mano y me preguntó: - ¿Amigos? Estaba tan sorprendido que
tardé unos segundos en reaccionar y estrecharla. Allí comenzó no solo una relación de vecinos,
sino una maravillosa amistad y camaradería que ha perdurado siempre.
Ella era decidida. De inmediato me dijo: - Ven, sube a mi casa. Te
invito a tomar café y a probar una torta que acabo de hacer. La seguí de
inmediato. Subimos las escaleras, pues solo un piso nos separaba. Su
apartamento era más pequeño que el mío, pero estaba decorado con muy buen
gusto; se notaba el alma de artista en cada rincón. Me llamó la atención un
detalle: no había ni una sola foto de ella exhibida.
Nuestras tertulias se hicieron frecuentes. Ella se interesaba por mi
carrera y yo por la suya. Pronto descubrimos que las distancias entre el teatro
y la televisión eran abismales. Cristina anhelaba interpretar personajes
reales, como los de las novelas brasileñas que causaban furor entonces; quería
salir sin maquillaje si la escena era al despertar, o hacer cosas cotidianas
como lavarse los dientes o fregar los platos. Nada de eso se permitía en una
telenovela nacional, a menos que fueras la protagonista sufrida; pero la
antagonista, la "villana", jamás podía permitirse tal humanidad.
Me explicó que, por contrato, no podía salir a la calle sin maquillaje:
debía estar siempre impecable, sonriente y "perfecta" para el
público. Por eso, en pantalla, aparecía con dormilonas que parecían trajes de
gala, muy maquillada incluso con pestañas postizas y el cabello como para un comercial
de champú , para una escena que se estaba acabando de levantar por la mañana. Fui descubriendo tantas facetas de ella que me
dio pena mi prejuicio inicial. Era totalmente diferente; de hecho, su sencillez
la hacía ver mucho más bonita y juvenil. Se ganaba a la gente con su autenticidad.
Cuando llegaba de grabar me daba mucha risa; parecía otra persona. Frente a mis
ojos, veía cómo la diva se desvanecía para dar paso a la Cristina que muy pocos
conocían.
De repente, un día volvió a tocar mi puerta con insistencia. Ya yo sabía
que era ella. —¡Mi vido! - así me llamaba -. ¡Vamos a trabajar juntos en una
película! Me acabo de enterar, ¡qué alegría más grande!
Y así fue. Fue una sorpresa.Nos
habían contratado a cada uno por su lado. Tuve el honor de compartir con ella
la aventura llamada “Ana, pasión de dos mundos”, donde, para variar, ella
era la antagonista de Maribel Verdú. Pero, afortunadamente, su personaje, “Clarita”,
era una prostituta de origen humilde que había luchado mucho por salir
adelante. Eso le dio la oportunidad de hacer algo distinto. Trabajamos mucho en
ello y ella logró darle al personaje una dimensión humana que trascendía su
evidente belleza física.
Descubrir su calidad humana fue un regalo. Le encantaba ayudar. Era
invitada de honor en Los Nevados, un pueblo en Mérida, a donde llevaba
juguetes, ropa y medicinas que recolectaba incansablemente entre sus conocidos
y empresas. Se iba a caballo, en Jeep o a pie por esas montañas. Aunque nunca
la acompañé, admiraba profundamente su dedicación y el amor con que la recibían
en esas tierras.
Durante el rodaje de la película, hizo algo increíble. En una secuencia,
mi personaje usaba alpargatas y yo acompañaba a Maribel Verdú, quien conducía
un caballo; Cristina venía en otro detrás de nosotros. Nos detuvimos según las marcas
del director y, de repente, un caballo me pisó el pie. Por profesionalismo, no
dije nada; esperé a que terminara la escena. Al grito de “¡Corten!”, solté un
alarido de dolor. Al quitarme la alpargata, el dedo no paraba de sangrar. Todos
corrieron, pero ella fue la primera. Me limpió la herida y, al ver que la
hemorragia seguía, le dije bromeando: - Si fuera el dedo de la mano sería
perfecto, porque me lo meto en la boca y la saliva corta la sangre. Ella me
miró con esos ojos maravillosos y me dijo: —No te preocupes, mi vido, ya vas a
ver.
Acto seguido, se metió mi dedo del pie en su boca para detener la
sangre. Yo no podía creerlo. Fue una muestra de humildad y calidad humana que
dejó paralizados a técnicos y actores. Lo cierto es que surtió efecto: la
sangre se detuvo y pudo curarme debidamente.
Durante las semanas del rodaje de la película, nos invitaba casi a
diario a su habitación a comer panquecas, ella las cocinaba en una cocinita
pequeñita de camping y tenía todos los implementos para hacerlo.Pasabamos ratos muy agradables compartiendo
con los actores españoles y eso podía ser a cualquier hora, desde la hora del
desayuno hasta medianoche.Sus panquecas
se hicieron famosas.
Esa es solo una de las tantas vivencias donde su bondad y optimismo salían
a flote. Un día, llegué a mi oficina y Yelitza, una gran amiga de muchos años y
cómplice en muchas de mis locuras, me cuenta: - Ayer, en la carretera de La
Victoria, vi a una mujer desde lejos que se cayó de un parapente. ¡Parece loca!
. Sabrá Dios que le habrá pasado.
Horas más tarde, Cristina me llamó con un hilo de voz: - Mi vido, no te
asustes, pero estoy hospitalizada. Ayer me caí de un parapente y me rompí la
columna. Era la misma historia de Yelitza. Así era ella: audaz, intrépida y
amante de los deportes extremos, todo lo contrario a mis gustos. Fui a la
clínica de inmediato y la encontré enyesada desde el cuello hasta los glúteos,
con los brazos en posición de abrazo. Era una estampa dolorosa, pero ella
mantenía el humor y se reía de lo sucedido.
Faltaba una semana para el estreno de una obra de teatro llamada “El
Chingo”, de Edilio Peña, era un proyecto muy importante para mí carrera. Le
dije que no se preocupara, que ya veríamos cómo llevarla a una función más
adelante. Pero ella sentenció: - Yo voy igual, mi vido. Ese estreno no me lo
pierdo; es tu noche y quiero estar allí.
Y cumplió. Primero llegó al teatro un ramo de 72 rosas rojas de tallo
largo, tan inmenso que no cabía por la puerta y tuvo que quedarse en el lobby.
Luego llegó ella, una hora antes de la función. La producción tomó previsiones
para sentarla en primera fila y que estuviera visible lo menos posible, no
quería llamar la atención. Le dediqué la función y ella, como no podía aplaudir
por el yeso, gritaba con toda su alma: “¡Bravo, bravo!”. Fue una noche mágica.
A veces, comparando nuestras carreras, ella me decía: - Quisiera tener
tu experiencia y tu currículum haciendo teatro y creando personajes. Y yo le
respondía entre risas: - Y yo quisiera ganar lo que tú ganas en televisión,
aunque sea por un mes. Mi sueldo en la cultura era modesto y el de ella, con
horas extras, era astronómico. Pero ella era generosa y disfrutaba compartiendo
cada éxito con sus amigos.
Podría escribir horas sobre nuestras anécdotas. Aprendí que, aunque
viniéramos de medios distintos, ella de la fama y la popularidad, yo del rigor
y la satisfacción del aplauso en vivo, en el fondo buscábamos lo mismo: un
canal para expresarnos y brillar a través del trabajo.
Uno de sus últimos trabajos antes de irse al Tíbet a un retiro
espiritual fue en una novela de Cabrujas. Era un papel corto, moriría en el
capítulo 25, pero le permitía hacer algo diferente. Mi consejo, muy extraño por
tratarse de mi, fue: - Cristina, no actúes. Sé simplemente tú, con esa alegría
y bondad que tienes. No interpretes; deja que el público conozca a la mujer
maravillosa que vive en ti.
Y así lo hizo. El personaje lo permitía.Apareció natural, casi sin maquillaje y vestida sin lujos. Sus diálogos
tenían una naturalidad que emocionaban a los espectadores, era un papel corto
pero muy bien escrito.Fue un éxito
rotundo y recibió críticas excelentes. Yo fui muy feliz de verla triunfar y
cumplir ese sueño.
Eramos inseparables, amigos por siempre. Al final del día, nuestras
charlas me enseñaron que el teatro y la televisión no son mundos antagónicos,
sino dos espejos que reflejan la misma búsqueda humana. Yo, desde las tablas,
perseguía la verdad a través del rigor y el sudor del aplauso inmediato; ella,
desde la pantalla, luchaba por encontrar esa misma verdad detrás de las capas
de maquillaje y los contratos de perfección.
Aprendí que no importa si el escenario es de madera o de píxeles: el
talento real, como el de Cristina, consiste en saber despojarse de los
artificios. Ella fue mi mejor lección de que el éxito no está en la cuenta
bancaria ni en el vestuario de gala, sino en la capacidad de meterse en el
barro - o en la boca, si el dedo de un amigo sangra - para demostrar que lo más valioso que podemos
interpretar es nuestra propia humanidad.
Hoy, cuando recuerdo a la “villana” que resultó ser un ángel, sonrío.
Porque aunque ella anhelaba la libertad del teatro y yo la solvencia de la
televisión, ambos descubrimos que en el arte, y en la vida, lo único que
realmente perdura es la autenticidad con la que tocamos el alma de los demás.
Beatriz Iriart: ‘Escribir poesía es la manera de transmutar el dolor’, una entrevista de Petruvska Simne
AMARNA
A la memoria de Ana Iriart, mi mamá. (25/1/1925-16/8/2008)
Reina niña. Reina madre. Amarna ya no existe pero el perfume perdura. Nefertiti reverencio la inmortalidad de tu Dios inexistente de tu paso de papiros y miel de tu memoria presente.
Beatriz Iriart
Desde muy joven la poeta Beatriz Iriart se enfrentó a la batalla cruenta del dolor, a la angustia existencial de vivir, y a las enfermedades que azotaron su frágil cuerpo, pero nada de eso impidió que escribiera con una fuerza demoledora para plasmar su visón del mundo.
La poesía entró en su vida para mostrar que la muerte es, desde siempre, esa incógnita que todo ser humano quiere desentrañar, y es por eso que sus poemas contienen una dosis justa de verdad, un desgarramiento interior que conmueve, además de una belleza otorgada por las palabras precisas que utiliza.
Algo que encontramos en los poemas de Beatriz Iriart me hace recordar lo que la poeta, escritora y filosofa española María Zambrano escribió en uno de sus ensayos: “la poesía es pensamiento, pero un pensamiento que no se separa de la vida. No piensa sobre la experiencia: piensa desde ella. Por eso la poesía no argumenta; revela. Y esa revelación no llega como certeza lógica, sino como emoción: una emoción que no es sentimentalismo, sino comprensión súbita”.
“Cuando un poema nos conmueve de verdad, no es porque haya tocado una fibra sensible cualquiera, sino porque ha puesto palabras —necesarias e inevitables— a algo que intuíamos sin saber decir. La emoción es el signo de que la idea ha alcanzado su forma justa”.
Por su parte, Susana D. Castillo, escritora e investigadora ecuatoriana escribió: “Leerte es dejarnos conducir de tu mano sensible a esos resquicios que tratamos de ignorar sabiendo a plena conciencia que están allí, inmutables, acechándonos”. (…) “Tu trabajo poético, tu examinar estos desaciertos fantasmales de la humanidad, nos compromete a estar alertas a los procesos personales y colectivos por los que deambulamos torpemente. No es fácil, Bea, leer este hurgar en el dolor que reside en tus poemas… en ellos reconocemos nuestras cavilaciones más íntimas, nuestro perplejo cuestionar que tratamos de colocar en un estante, ¡hasta la próxima!, y recubrirlo con la rutina incesante cotidiana”.
Mientras que la escritora chilena-estadounidense Sonia M. Martín señaló: “Leer los poemas de Beatriz, nos hacen sentirnos inmersos de alguna manera en los versos de Alejandra Pizarnik y de Sylvia Plath. No obstante, hoy, nos encontramos en el torbellino de los versos de Beatriz… y su poemario La Muerte quiere…”.
Además, el escritor Félix Esteves subrayó que: “La estética de la poesía de Beatriz López Osornio no nace de la observación pura o de las sensaciones insustanciales de los elementos sino de la interioridad de la poeta y la luz o la sombra que ella proyecta sobre la vida”. (…) “Al hablar del conflicto apetencia-aversión hacia la vida es porque vemos en cada uno de sus poemas o en casi todos, un grito desesperado por la vida, una exaltación a la sobrevivencia de los seres animados y los inertes, pero siempre tomados de la mano o bailando con la muerte, en este sentido hay una dualidad, un juego casi morboso y pizarnikiano de ver y sentir la realidad. Algunas veces da la impresión que sus poemas son escritos en trances donde ella se pelea con la vida por morir o estando ya casi muerta o desfallecida lucha por sobrevivir”.
Beatriz Iriat nace en otoño, 12 de mayo, en La Plata, Argentina. Miembro de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos de California y Capítulo Internacional en Internet (SELC y CII), California, Estados Unidos. Publicó los libros: Perspectivas, 1977; Collage de Cinco, 1981; Extraño Linaje, 1984; La Muerte Quiere…, 2003; La Muerte Quiere…, segunda edición, 2016; Te He Soñado Tanto Libertad, 2025. Su obra ha sido traducida al inglés y al portugués en varios países, y la han publicado en diferentes antologías en su país y en el extranjero. Estudió cerámica y pintura. Formó parte del movimiento underground en la década del 70, colaborando con la revista literaria Machu Picchu.
La compositora venezolana Diana Arismendi, compuso en el año 2015 la obra In memoriam, en conmemoración del Holocausto, inspirándose en el poema Yo estuve en Auschwitz, de la poeta Beatriz Iriart. Concierto organizado por el Espacio Anna Frank de Caracas, con la participación de la Orquesta Sinfónica de Venezuela dirigida por el maestro Alfredo Rugeles.
Holocausto: Con poemas de Maiakovski, Elsa Langer, Beatriz Iriart y un texto de Javier Romañach. La Fundación Rey Ardid recordó al millón de personas con discapacidad asesinadas por los nazis / España, 3 de febrero de 2015.
España, febrero 2023. Amlega rinde homenaje a las personas LGTBI asesinadas durante el Holocausto, el FARO de Melilla.
Melilla Media, España, enero 2023. El Área de Cultura y Amlega rindieron homenaje a las víctimas del Holocausto Rosa a través de una exposición itinerante. Se leyó el poema Números de la poeta argentina Beatriz Iriart y un extracto del libro La Persecución Nazi de los Homosexuales acompañados por melodías a violín.
– ¿Qué recuerda de la casa de su infancia?
– La higuera donde estudiaba y donde con mis hermanas esperábamos que llegara el colectivo que traía a mamá de su empleo, subidas a la rama más alta.
– ¿Los perfumes, los sabores, los colores de la niñez asaltan en algún momento su presente?
– Vivíamos en el campo y esos olores y perfumes no se hallan en la ciudad. Sólo los recuerdo al pensarlos.
– ¿Quiénes son sus padres? ¿Qué aprendió de cada uno?
– Mi padre fue un hombre despiadado que abandonó la familia y mi madre hizo las veces de madre-padre siempre. Mamá era una mujer muy culta y liberal. Sin prejuicios entre la cultura popular y la cultura clásica, además de ser docente y asistente social. Me introdujo de su mano al extraordinario mundo de la música, el cine, la ópera, el teatro y la literatura. Era una mujer revolucionaria para su época por ejemplo: por pregonar la libertad en todos sus órdenes e inculcárnoslo.
Nunca tuvimos televisor, pero sí infinidad de libros y diccionarios que yo leía e investigaba los días de lluvia, los demás días lo hacía en la rama de la vieja higuera en la cual también estudiaba.
– ¿Ha escrito alguna vez un poema que es la respuesta a experiencias infantiles?
– Sí. Decreto. En respuesta a un regaño de mamá.
– ¿Recuerda algún libro que leyó cuando era niña?
– La Cabaña del Tío Tom y La Historia de San Michele.
– ¿Cómo fue su etapa de adolescente? ¿Se refugiaba en la escritura, en la lectura?
– Me refugiaba en ambas, un poco con cada una y en total soledad.
– ¿Quién leyó sus poemas iniciales? ¿Lo alentaron a seguir?
– Mi mamá y sí, me alentó a seguir.
– ¿Cómo fue el proceso de escritura de su primer libro? ¿Reunió los poemas que tenía escrito o escribió especialmente para ese libro en particular? ¿Fue difícil encontrar la editorial?
– Reuní y escribí poemas. Hallar la editorial fue catastrófico. Al final se publicaron en una editorial subterránea. Las revistas subterráneas me ayudaron a difundir mi poesía, publicando: Perspectivas, 1977; Collage de cinco, 1981; Extraño Linaje, 1984; LA MUERTE QUIERE…, 2008., Me alejé de los círculos literarios por no coincidir con sus temáticas.
– ¿Sus primeros libros los firmó con su apellido paterno, qué la motivó a cambiar su firma? ¿Ese cambió la afectó de alguna forma?
– Cambié la firma en un homenaje tardío a mi mamá. Luego vino el Lupus Eritematoso Sistémico y conviví con la muerte largos años. Y todo cambió para bien.
– ¿Cómo vive el proceso de su escritura, toma apuntes, reescribe, anota lo que siente y piensa día a día?
– Anoto lo que pienso en espacios oníricos, luego los paso a Word.
– ¿Ha reescrito algún poema que haya guardado en su adolescencia?
– No.
– ¿Alguna vez ha tenido que parar el trabajo o despertarse a medianoche para escribir una línea o un poema?
– Sí, para plasmar un poema que verá la luz horas después.
– ¿Cómo sabe cuándo debe terminar un poema? ¿Qué es lo más difícil de ese proceso: terminar o comenzar?
– A veces el poema se dicta solo, otras en el comienzo se ve el final. Y a veces no suceden ninguna de las dos cosas.
– ¿Tiene rituales al momento de comenzar a escribir un poema, una hora del día o de la noche?
– No tengo rituales.
– ¿Piensa en un lector ideal cuando se sienta al escribir?
– Pienso en quien leerá los escritos, pero no en un lector ideal.
– ¿Recuerda alguna crítica que la haya impactado, elogiosa o no, sobre su poesía?
– Sí, la crítica de Eliahu Toker, poeta argentino, la de Sonia M. Martin y la de Susana Castillo
– ¿Qué libro suyo recomendaría a un lector de poesía?
– Te he soñado tanto LIBERTAD, de ediciones Choroní 2025. Cuya portada es un cuadro de la artista plástica Claudia Patricia López Osornio y el diseño gráfico una obra de arte del diseñador y amigo Jairo Carthy.
– ¿Tiene algún libro que relee invariablemente a lo largo de su vida?
– Todos los libros de Julio Cortázar.
– ¿Qué libro le regalaría a alguien que quiera conocer su Buenos Aires?
– Rincones de Buenos Aires, de Leila Aisen.
– ¿Está trabajando en un proyecto?
– El proyecto es con Ediciones Choroní para publicar LA MUERTE QUIERE… con mínimas modificaciones
– ¿Se ha he vuelto más crítica con la vida? ¿Con las amistades? ¿con la familia?
– Me he tornado más selectiva, más solitaria.
– ¿Qué piensa de la inteligencia artificial?
– Es un adelanto filoso, se puede usar para buenas causas o no.
– ¿Las redes sociales lo abruman? ¿Le quitan tiempo? ¿Piensa que anulan la lectura de libros?
– Quitan tiempo y anulan los espacios de lectura, pero son un mal necesario.
– ¿Qué le da miedo?
-El egoísmo.
– ¿Por qué escribe?
– Escribir poesía es la manera de transmutar el dolor que vive en mí desde los 10 años, porque a esa edad yo ya era una anciana.
Beatriz Iriart
POEMAS Y UN CUENTO
YO ESTUVE EN AUSCHWITZ
A la memoria de Primo Levi (1919-1987)
Yo estuve en Auschwitz. Yo parí hijos de amargura, dolor y espanto. Yo anduve descalza en el fango de un campo con flores segadas al igual que las semillas frescas de nuestros rebaños. Y hoy a los 61 años de la liberación del campo: Soy una sombra una mujer sin rostro. La desolación y el hambre. Yo… yo estuve en Auschwitz.
27 de enero del 2006
LEGADO ANCESTRAL
A la memoria de Julio Cortázar
Lamento no dar lo que requieren
Lamento no obviar dos trazos de “Rayuela” para alcanzar el “cielo”. Lamento no transmutar heridas de antaño ulceradas, putrefactas en malestares leves. Pero más lamento no atiborrar con sabiduría y afecto y regar tus huecos de huérfana desolada y esquiva.
LA EXPOSICIÓN
“Sólo el trabajo os hará libres” (Leyenda del campo de concentración de Auschwitz)
Sacaron boleto para la próxima estación. El chofer los trató cortésmente. Intercambiaron opiniones, recuerdos y algún futuro cercano. Arribaron. Las melancólicas notas envolvían la niebla mañanera. Los acompañaron hasta la descomunal exposición, ante el inmenso collage donde había sueños, huesos, ilusiones, miedos, pero ningún rostro.
Pronto comenzarían las tareas en el atelier. La música se deslizaba dulcemente. Se desnudaron – la higiene era la disciplina fundamental para esa faz del arte. Las duchas ayudarían a ello. Sacaron boleto para la próxima estación. La obra quedó inconclusa. El gas, involuntariamente, los sumergió, en el inmenso collage sin rostros.
ESTADO DE SITIO
Hay estado de sitio en la ropa raída en los pesares diarios. Hay estado de sitio en las barricadas cuando amanece y no hay amor y hay hambre.
POSTRERO REMATE
Que necedad creer que llegará el otoño con dignidad y que sus hojas no caerán. Que necedad creer que nos amaremos hasta el final.
Que necedad no asumir que tu ausencia también será mía. Que necedad creer al despertar que habrá otro día más. Que necedad mirar el reloj y no aceptar que ya no hay más horas, ni risas, ni llantos solamente oscuridad.
DESDE UN RINCÓN
De niña tuve un vergel de canela y cinamomo. Hoy la muerte ronda en mi jardín de niña para que ignore los aromas cálidos y solo sienta el óxido de la sangre tibia de los vergeles huérfano.
PARNASO Y ABISMO
Me hiere la risa que apuñala como antes. Los silencios extensos por donde emergen los fantasmas.
No tener respuestas al túnel de sombras. Los fuegos estólidos. Los profanadores de esperanzas Los rostros que se esfuman desconociendo que como ayer los estamos esperando.
LA MUERTE QUIERE…
La muerte quiere que me pinte de amarillo para opacar al sol y danzar en penumbras hasta que la luna deje blancos mis huesos.
DECRETO
Cuando partas los cipreses no llorarán sobre tu tumba porque no habrá tumba sólo recuerdos.
ELLAS
En los abismos de fuego en las lunas y las bóvedas el azur y los silencios danzan
las ominosas vírgenes pretendiendo sepultar Oriente y Occidente. Para desterrar EL PASADO.
ESPECTROS DE AJENJO
Nos quedamos sin lágrimas. Secos en cuerpo y alma. La piel árida. Nos tornamos en desierto. En parias de herrar vagabundo. Somos LOS HEREDEROS de la crueldad devastadora que azota aún salvaje y furtiva el reposo de los moribundos.