SIEMPRE SE ESCUCHARÁN SUS PASOS EN LA ESCENA, por José Pulido, Premio Internacional de Excelencia “Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis”, Italia 2024: prólogo del libro "CARLOS GIMÉNEZ MEMORY biografía" de Viviana Marcela Iriart

 





El Soneto 6 de William Shakespeare podría recitarse hoy en la tumba de Carlos Giménez, de Carlitos, como lo llamábamos y lo seguiremos llamando quienes tuvimos su amistad y el privilegio de verlo trabajando una obra de teatro, oficio que realizaba con la misma pasión que pusieron en boga los hombres y las mujeres que amaron el teatro y lo convirtieron en una magistral expresión del alma.

 

SONETO 6 DE SHAKESPEARE

 

No dejes que la cruda mano invernal estrague

ese verano tuyo sin que antes se destile:

conserva tu esencia en un precioso envase,

antes de que el tesoro más bello se aniquile.

 

No es vedada usura usar así la vida,

y alegra a quien paga la renta de buen grado;

hacer de ti una copia lo mismo supondría,

y si son diez por una, diez veces contentado.

 

Y más feliz diez veces aún te sentirías

si en otros diez iguales diez veces te copiases:

¿Entonces, al marcharte, la muerte qué haría

si a ti como heredero viviente te dejases?

 

No seas obstinado, que toda tu excelencia

ni Muerte ni gusanos obtengan por herencia

 

 

LA CONDICIÓN HUMANA

 

La condición humana, la sinceridad plena respecto a la condición humana. Lo que la gente no había advertido en su diario vivir. Eso le interesaba sobremanera a Carlos Giménez y lo expresaba en el teatro que organizaba y creaba sobre el escenario.

Él era un panorama humano, un destello de vida que no se apagaba. Y el fenómeno creador que lo acompañó desde siempre no resultaba fácil de descubrir pero cuando se avizoraba su fortaleza para dirigir, su magia para conmover era imposible dejar de admirar y querer lo que hacía.

El mundo podría estar encerrado en un frasco y Carlos lo miraría desde afuera y Carlos lo recorrería desde adentro y todo el cristal que el frasco usaba como envoltorio desaparecería cuando Carlos invocara la visión teatral.

Ese es uno de los puntos esenciales de lo que él sabía realizar: invocar la visión teatral y conseguir que la más alta expresión humana funcionara en un escenario y trascendiera hacia todos los senderos del alma.

Creo que Viviana Marcela Iriart fue una de sus amigas más observadoras, una de las más acuciosas y apasionadas a la hora de valorar lo que él lograba en la escena. Ella pudo mirar más profundamente en él, ella lo analizó como quien estudia las emanaciones del lenguaje que jamás deja de brillar.

Viviana Marcela ha logrado establecer una memoria sólida, irreductible, con su escritura y su noble deseo de que el olvido nunca toque la obra de Carlos Giménez. Ella es la muestra más clara y justa de lo que en última instancia anhela un creador en el arte: que alguien sea intensamente impresionado por la obra y haga posible que su recuerdo no desaparezca.

Porque en el teatro los escenarios se vacían y se vuelve a llenar con piezas, actores, escenografías, directores y dramaturgos, pero siempre hacen eso: se vacían y el público también va, viene y cambia: a veces para retroceder porque cada público debe comenzar de cero, desde el principio.

Viviana Marcela Iriart consigue que los nuevos públicos se empapen con las virtudes y la peculiaridad de Carlos Giménez, un hombre de teatro que se entregó tanto a esa pasión como cualquiera de los grandes teatreros que existieron transformaron en gran voz universal el lenguaje de las tablas.

No solo fulguraba en el oficio de hacer teatro, sino también en la propuesta existencial de amar el teatro. Hablando de pronto sobre el ángulo de una obra, Carlos Giménez podía extraer de sus sensaciones y conocimientos frases enriquecedoras que clarificaban cualquier niebla, que desenredaban cualquier madeja. Sus palabras salidas del hondo conocimiento de la escena, hacían más visible el alma de cualquier dramaturgo, de cualquier creador. Convertía en seres cotidianos a Shakespeare, Ibsen, Chejov, Ionesco, a cualquiera.

 

La biografía que ha realizado Marcela Viviana Iriart es una puerta amplia por donde es posible entrar al mundo de Carlos Giménez y amar más el teatro junto con él. Inclusive, hasta quienes no lo conocieron sabrán en algún momento que Carlos Giménez forma parte sustancial del teatro porque siempre se escucharán sus pasos en la escena.

 

© José Pulido

Diseño de portada del libroJairo Carthy

Próximamente publicado por Ediciones Choroní

 


"FLORECER CON LUPUS: Relato de una guerrera que eligió ser feliz" de Carmen Carmona: cuentos para los momentos difíciles, Ediciones Choroní, marzo 2026

 


De venta en Amazon y en Autoreseditores.com


La particularidad de este libro de Carmen Carmona es que en él, ella no nos cuenta su batalla contra el lupus: nos regala los cuentos que la ayudaron en su momento más difícil, cuando estaba al borde de la muerte y sus pequeños hijos, Pedro y Alejandro, se turnaban para leérselos sin saber si ella los escuchaba. 

Esos cuentos que ella misma había escrito muchos años atrás y publicado con seudónimo, cuentos suyos acompañados de cuentos budistas, zen, hindúes, sufi... cuentos que nos invitan a disfrutar de la vida pese a las adversidad. Cuentos que nos dan alegría, placer, esperanza y fuerza.  

Carmen, hoy ya en remisión, ha decidido publicar este libro con su verdadero nombre para compartir su felicidad y su alegría por la vida que, con sus altibajos, siempre merece la pena ser vivida y vivida en todo su esplendor. Este libro nos habla de eso… y mucho más.

Carmen Carmona, venezolana,  fue Presidenta del Instituto de Cultura del Edo. Miranda, Directora de Cultura de la Alcaldía de Chacao, Productora del Festival Internacional de Teatro de Caracas, Productora del Ateneo de Caracas, productora de más de 100 obras de teatro en Venezuela y Estados Unidos. Obligada a abandonar su país por el chavismo, vive en el exilio en Miami, trabajando duramente para salir adelante. 

"Cuando escribí la Introducción 1 nunca imaginé que, 18 años después, que mis jóvenes hijos me leyeran mi libro los 18 días que estuve hospitalizada al borde de la muerte, sin que los médicos supieran qué era lo que me estaba matando, me iba a resultar de tanta ayuda, me iba a traer tanta paz en medio de la desesperación. (...)

Pero muchas cosas habían pasado en esos 18 años y tener que dejar mi país, Venezuela, fue, sin que lo supiera entonces, el comienzo de mi enfermedad: una se puede enfermar de dolor de patria, morir de nostalgia de patria, agonizar de exilio.

Con dos niños pequeños, divorciada, tuve que abandonar mi apartamento que tanto me había costado comprar, mi trabajo que tanto me gustaba, mi ciudad, mi gente, mi familia y partir a países amables pero extranjeros: primero España, después Estados Unidos, donde vivo actualmente. (...).

Pasaron cinco años y el Lupus entró en remisión.

Entonces me dije: tengo que volver a publicar este libro (...)  Porque si yo pude entrar en remisión, casi curarme, de una enfermedad tan terrible, tú también puedes. Y si estás pasando por algo parecido, ojalá que mi libro te sirva de ayuda como me sirvió a mí.

 Y como dijo el gran escritor argentino Julio Cortázar:

 “Nada está perdido si tenemos el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo”.

 Gracias por leerme. Gracias por existir". Carmen Carmona, Introducción II, fragmento.

 

“A pesar de las cargas que la vida le presentó, mi hermana de la vida Carmuchi, emergió de su prueba más fuerte, más sabia, y con una profunda gratitud por la existencia misma. Este libro nos invita a reflexionar sobre lo hermoso que es vivir, sobre la importancia de cada instante compartido con aquellos a quienes amamos. Su viaje nos recuerda que, aunque algunos itinerarios pueden ser difíciles, cada paso cuenta, cada lucha tiene sentido y cada sueño es un destello que merece ser alcanzado”. Fragmento del prólogo de Karl Hoffmann.

Con prólogo del actor y productor Karl Hoffmann y diseño de portada y del libro de Jairo Carthy, el l libro puede comprarse en Amazon y en Autoreseditores.com (para América Latina es mejor comprarlo aquí porque el envío es más barato que el de Amazon). 

 

Un cuento de "FLORECER CON LUPUS: Relato de una guerrera que eligió ser feliz"

 

LA ENFERMEDAD NO ES UN CASTIGO

 

En el siglo XIX un turista muy rico visitó al

 famoso rabino polaco Hofetz Chaim 

y se quedó asombrado ​al ver que la casa del rabino ​

consistía sencillamente en una habitación​ ​llena de libros.

 

El único mobiliario era una mesa y un banco. 

-Rabino, ¿dónde están tus muebles?”

preguntó asombrado el millonario turista. 

-Dónde están los tuyos?

respondió el rabino Hofetz.  

-¿Los míos? Pero si yo sólo soy un visitante…​ ​Estoy aquí de paso... dijo el turista. 

-Lo mismo que yo, ​contestó el rabino Hofetz.

 

Todas y todos estamos de paso.

La vida es finita.

Todo, absolutamente todo,

tiene un principio y un final.

Y los seres humanos no podemos

escaparnos  de esa finitud.

Para que otros seres humanos vivan

es necesario que otros mueran.

Si no, el planeta Tierra colapsaría

y nadie podría vivir sobre él.

Observa la naturaleza.

Ella es una gran fuente de enseñanza.

Podrás ver cómo los animales

se enferman y mueren.

Cómo las plantas cumplen su ciclo y mueren.

Pero no se acaba la selva.

No desaparece el bosque.

 

- ¿Y a mí que me importa

si yo ya no voy a estar viva, vivo?

puede que te preguntes.

Entonces, querido amigo, querida amiga,

la que esta moribunda es tu alma.

Y si tu alma muere, ¿crees que puedes

seguir viviendo sin ella?

 

Las personas nos enfermamos porque

de algo tenemos que morir.

Y siempre es mejor morir de enfermedad

que morir asesinado.

O morir de hambre.

O morir en un campo de concentración.

O morir en una sala de torturas.

O morir por falta de medicinas.

O morir por falta de asistencia medica.

O morir por discriminación racial, sexual,

de género… cualquier tipo de discriminación.

O morir por culpa de la ignorancia,

ajena o propia.

O morir por culpa del fanatismo.

O morir por luchar por “la verdad”.

O morir de miedo por perder

las cosas materiales.

O morir de soledad

Entonces, ¿no es más natural simplemente

morir de vida?

¡Morir de vida!

Lo cual no significa resignarse a la enfermedad 

 

Y mucho menos buscarla o incentivarla.

Ni tampoco enfermar de estar enfermo.

Ni culpar a los otros y muchos menos

culparte a ti por tu enfermedad.

Porque tú no eres culpable de tu enfermedad.

Tú no eres responsable de que la enfermedad

haya aparecido.

 

Tu enfermedad no es un castigo

por algo que hayas hecho mal.

Pero hay muchas cosas que puedes hacer

para curarte o para vivir con la enfermedad

sin que te haga tanto daño.

 

En primer lugar: no te sientas culpable

por tu enfermedad.

El sentimiento de culpa mata más que

la enfermedad.

El sentimiento de culpa

es la peor enfermedad.

 

¿Por qué vas a sentirte culpable

de haber enfermado si la enfermedad

es una integrante más de la vida?

¿Acaso te sientes culpable

de tener hijos, de tener hijas?

¿Te sientes culpable de tener hambre?

¿Te sientes culpable de reír?

¿De llorar? ¿De cantar?

La enfermedad y la salud son las dos caras

de una misma moneda llamada Vida.

Si se tiene salud, en algún momento

se puede tener enfermedad.

Porque para tener enfermedad

primero hay que tener salud.

Entonces, ¿vas a sentirte culpable

por estar viva, por estar vivo?

La enfermedad es una de las piedras

que encontramos en el camino hacia el Arcoiris.

Hay quien la salta aquí o allá.

Pero siempre, en algún momento del camino,

la piedra se atravesará.

Entonces puede que eso que llamamos

Vida se detenga. O no.

Pero de todas maneras, eso que llamamos Vida

en algún momento se detendrá.

La enfermedad no es mas

que una de las estaciones

en las que se detiene el tren de la Vida,

antes de llegar a la estación central.

 

Entonces, querida amiga, querido amigo,

¡Si estas enferma, si estás enfermo

es porque estás viva, estás vivo!

¡Alégrate de formar parte de la Vida!

Con sus dificultades, a veces terribles,

vivir es maravilloso.

 

En segundo lugar: no te resignes

a la opinión de los expertos.

Los expertos también se equivocan.

La religión se equivoca.

Las amistades se equivocan.

La medicina se equivoca.

Una y uno se equivoca.

 

La ciencia avanza y retrocede.

Lo que hoy es malo,

mañana puede ser bueno y viceversa.

No te quedes con una sola opinión.

No dejes que te enfermen

más de lo que estás.

No permitas que te entierren

antes de tiempo.

 

Hay un antiguo y sabio cuento sufi

que dice lo siguiente:

Un hombre a quien se consideraba muerto

fue llevado por sus amigos para ser enterrado.

Cuando el féretro estaba a punto de ser introducido

en la tumba, el hombre revivió

y comenzó a golpear la tapa del féretro.

Los amigos abrieron el féretro

y el hombre se incorporó:

- ¿Qué estan haciendo?

dijo a los sorprendidos amigos.

- Estoy vivo. No he muerto.

 

Sus palabras fueron recibidas con asombrado

silencio. Al fin uno de los amigos acertó a hablar.

- Amigo, tanto los médicos como los sacerdotes

han certificado que has muerto.

¿Y cómo van a equivocarse los expertos?

 

Entonces volvieron a atornillar

la tapa del féretro

Y lo enterraron debidamente.

 

Resumiendo tenemos que:

Primero no tienes que sentirte culpable

por haberte enfermado;

Segundo, no tienes que permitir

que te enferme la opinión de los expertos.

La enfermedad es un túnel.

La luz está al final del camino.

 

Cuando estés enferma,

cuando estés enfermo,

busca la mano amiga.

La primera mano amiga

esta dentro de ti, búscala.

Cuando la encuentres,

busca la mano amiga externa.

Dos manos unidas son más fuertes

que la más fuerte de las enfermedades.

Y si crees que no hay mano amiga

es porque todavía no encontraste la tuya.

O porque no puedes ver.

 

A veces la mano amiga

está mas cerca de lo que crees.

Solo tienes que saber mirar.

Pero la mano no es para que te aferres a ella.

La mano es para compartir el camino,

que en definitiva es sólo tuyo.

Una mano puede ser la mano

de un ser humano.

Pero también puede ser la mano de Dios,

el Dios de tu religión cualquiera que esta sea.

 

También puede ser un animal,

un libro, una canción,

el sol, la luna, las estrellas...

Una mano puede ser cualquier cosa que te sirva.

Porque Dios, o lo que para ti es Dios,

está en todas las cosas. Y si tienes a Dios

dentro de ti, entonces, querida amiga,

querido amigo, tú no estás sola,

tú no estas solo.

 

 

 

De venta en Amazon y en Autoreseditores.com

 

 

 

 

 


SONIDO...CÁMARA...ACCIÓN... MI PRIMERA VEZ por Jairo Carthy /. Caracas, 5 de Abril de 2026

 

 

Cuando regresamos de España, luego de participar en dos Festivales Internacionales de Teatro y cumplir una temporada en Madrid, teníamos el reto de volver a montar la obra que llevamos de nuevo en Caracas, nada menos que en el prestigioso Nuevo Grupo.

 

En el elenco original de hacía ocho años, el personaje de Isabel (o Elvira, como en la ópera) fue interpretado por la gran Tania Sarabia. Para esta reposición y la posterior gira a Europa, ella no estaba disponible; tenía otros compromisos ineludibles de teatro y televisión. Fue el único personaje que cambió; de resto, éramos los mismos actores originales que le dábamos vida a esa versión del dramaturgo brasileño Guilherme Figueiredo llamada "DON JUAN".

 

Ese cambio de actriz vino acompañado de un ángel que llegó a mi vida para transformar muchas cosas y hacer realidad sueños que, en ese momento, yo creía imposibles. Su nombre - y así, con letras mayúsculas- : PERLA VONASEK.

 

Aparte de su innegable talento, capacidad, cultura y experiencia, Perla era una mujer sumamente divertida, de una sensibilidad y un corazón enorme. Tenía muchísimas cosas que contar y yo tenía todo por aprender de ella. Ella era la pareja de otro ser grandioso, Santiago San Miguel, productor y director de cine español. Ambos vivían en España y, por suerte para mí, estaban pasando una larga temporada en Venezuela.

 

Comenzamos la temporada de la obra y todo estaba saliendo muy bien. Teníamos bastante público y, de nuevo, la crítica y los comentarios nos favorecían. Una noche, justo antes de empezar la función, Perla se me acercó con complicidad: - Jairo, mi amor, esta noche te tienes que botar. Santiago viene a ver de nuevo la función y trae a un amigo de él que en estos momentos está en la pre-producción de una película.

 

Yo estaba feliz de ver a Santiago y, por supuesto, seguí el consejo de Perla: salí a "botarme". La sala estaba llena, y ese calor del público es el combustible que te impulsa a darlo todo. Al terminar, entre los aplausos y el desfile de gente asomándose a los camerinos, Perla me susurró: - Jairo, Santiago te espera afuera, quiere saludarte.

 

Me arreglé a toda prisa y salí al jardín del teatro. Allí estaba él, recibiéndome con un abrazo fraterno. - Te felicito, Jairo, estuviste excelente como siempre. Nos has hecho reír muchísimo. Mira, te presento al señor Luis Correa. Él va a dirigir una película y está interesado en conocerte.

 

Volteé a verle y allí estaba Luis. Con su aspecto que parecía un estilizado Papa Noel, con su pelo y barba blanca prematuras -pues era un hombre bastante joven- y unos penetrantes ojos azules que intimidaban bastante. Lo saludé muy respetuosamente y me dijo: - Aquí tienes mi tarjeta, me gustaría que me llamaras mañana, pues me gustaría que conversáramos a ver si estarías interesado en trabajar en mi película.

 

Casi me echo a reír. Parecía una escena de una película americana en la que al protagonista lo contratan y se convierte en superestrella. Perla se sumó al grupo y me guiñó el ojo; ella ya sabía lo que Santiago buscaba al llevar a este personaje a ver la obra.

 

Yo estaba muy impresionado por este encuentro. Cuando llegué a la casa le conté emocionado a mi Mamá y ella, quien, como siempre, irradiaba felicidad por mis logros.. Pero, todavía no tenía ningún detalle sobre el papel que me ofrecían, ni de qué trataba la película... absolutamente nada. Por supuesto, pasé toda la noche casi sin dormir, pensando y pensando, hasta que por fin llegó el día y, con él, la entrevista.

 

La oficina quedaba cerca de mi casa, así que pude ir a pie. Al llegar había un montón de personas y un gran letrero que decía: TIEMPO CERO FILMS. Me anunciaron y de inmediato me pasaron a la oficina. Afortunadamente Santiago estaba también allí; él era el productor de la película y también tenía cosas que decirme.

 

Luis Correa me explicó que la película se llamaría, en principio, “LA ENCRUCIJADA”, aunque ese sería el nombre que para todo se utilizaría públicamente, pues el verdadero nombre sería otro. Como la película estaba basada en hechos de la vida real, era muy peligroso que saliera a la luz pública la verdadera trama. 

 

Se trataba de la guerra a muerte en Santa Bárbara del Zulia entre dos familias: los Semprún y los Melía. Un odio visceral que los llevaba a exterminarse uno a uno por el poder absoluto sobre las tierras y los negocios. En la ficción, los nombres cambiarían. Mi familia serían "Los Araujo" y mi personaje: Antonio Araujo, mejor conocido como "El Chingo Araujo".

 

Era un asesino temido, un matón que trabajaba para la familia rival y que cargaba con el rechazo de los suyos por su conducta sanguinaria.

 

En ese momento mi mente volaba: ¿Un asesino? ¿Un matón? ¿Un delincuente terrible? ¿Eso era lo que el Señor Correa esperaba de mí? ¿Y cómo, después de verme actuando en una obra donde, aparte de interpretar a un libidinoso criado como Leporello, el cual tenía grandes momentos de comicidad que la obra exigía, de dónde creía él que yo podía hacer un papel así? ¡Y en cine! Donde no hay el “desde lejos del teatro” u otros trucos para alcanzar una caracterización. Pues sí, él creía que yo lo podía dar. Y como él creía en mí, yo también me arriesgaría. Mi mayor reto sería lograrlo para no defraudar la confianza depositada en mi persona.

 

Por supuesto acepté sin haber leído el libreto. Los honorarios que me ofrecían superaban cualquier monto que yo había ganado antes en teatro. Solo había un inconveniente: según el plan de rodaje, la película arrancaría una semana antes de que la obra bajara de cartelera. Luego de eso, yo estaría totalmente libre de fechas y horarios. Santiago, como el gran productor que era, me dijo: - No te preocupes, Jairo. Salimos casi todo el elenco a Maracaibo en avión el lunes a primera hora y el miércoles al mediodía ya estarás rumbo de nuevo a Caracas para hacer tu obra. Nosotros seguimos unos días más por allá y luego nos instalaremos en Calabozo, donde se rodará gran parte de la película. Es lo más parecido que hemos encontrado a Santa Bárbara del Zulia por lo que ya te explicamos.

 

Los tres celebramos mi incorporación a este proyecto y quedamos en que me llamarían para la firma del contrato, las pruebas de vestuario y demás formalidades. La verdad, no podía creer que algo así me estaba pasando a mí. Iba a trabajar en una película... pero, ¿cómo sería el papel? ¿Será corto? ¿Será largo?

 

Al llegar a mi casa, y luego de contarle con detalles todo a mi ansiada Mamá, me puse a leer el libreto. Acostumbrado a los libretos de teatro, este tenía como tres veces más de grosor, y la manera en que se escribe un guion es muy diferente. Leyendo y leyendo, estaba horrorizado y fascinado a la vez: ¡era el más malo de la película! Asesinaba al que se me pusiera por delante, hacía muchas fechorías, inclusive incendiaba a un tipo vivo. Era un loco desquiciado; por eso era uno de los primeros de la familia a los que matan, y allí se desencadena una ola de crímenes y venganzas de parte y parte.

 

Llegó el ansiado día. Ya había ido a buscar el vestuario que utilizaría: un traje gris para la escena del cementerio en el entierro del padre de la familia, y de resto un look como de vaquero con jeans, camisa a cuadros, sombrero y, por supuesto, botas que ayudaban a esa imagen de virilidad y poderío.

 

Días previos a este viaje, había terminado de leer las “Memorias” de Laurence Olivier, uno de los grandes actores de todos los tiempos. Él explicaba que, para poder interpretar un personaje en una película (la cual no se haría en orden cronológico), él había descubierto que lo mejor era que durante ese tiempo de rodaje el actor viviera como el personaje. Así no habría posibilidad de no tener claro cómo encarar cada escena.

 

El Maestro Olivier afortunadamente practicaba el “Método” (el sistema de actuación creado por Constantin Stanislavski), el cual consistía en buscar la verdad y el sentimiento. Yo también creía en ese método para componer. Por ello, ya le había creado la voz, la manera de caminar y de moverse a ese asesino llamado “El Chingo Araujo”, que distaba mucho de parecerse a mí.

 

Llegamos a Maracaibo. Nos instalaron en un hotel que, dado que la ciudad es una de las más calurosas del país, el aire acondicionado era central y no se podía regular la temperatura individualmente. Así que pasé otra noche casi en vela, muriéndome de frío y con los nervios de punta por esa primera vez ante una cámara de cine.

 

El llamado era a las siete de la mañana en el lobby. Y allí aparecí, para asombro de muchos, vestido como el personaje, con el traje gris,  su sombrero, con su actitud sombría y una cojera que le había agregado como consecuencia de algún tiro que alguna vez le alcanzó una pierna. Todos me miraban. Yo no hablaba con nadie; me subí al autobús que nos llevaría a la locación en total silencio, pensando solo en la muerte de “mi padre” y lo mucho que lo hice sufrir.

 

Rodamos la escena: la madre con sus siete hijos varones ante la tumba del patriarca de la familia. Mucha tristeza, mucho dolor... y entre ellos, allí estaba yo. Sentía que la cámara se acercaba, estaba conmigo, pero no podía ni siquiera mirar de reojo. Todos los consejos del libro de Olivier los estaba poniendo en práctica: “Siente, no actúes, no es teatro… la cámara es el público que te verá cientos de veces aumentado, y el más mínimo gesto lo multiplicará. Solo siente, cree en lo que haces y hazlo con toda la verdad posible”.

 

Y así lo hice. Cuando a mi regreso a Caracas me encontré con Perla en el Teatro, me dijo emocionadísima: - ¡Jairo! Santiago me dijo que anoche estuvieron viendo los Rushes (que son las tomas diarias en bruto) y me dijo que están impresionados contigo. Que en la escena del cementerio estuviste conmovedor, pero al mismo tiempo dejas ver esa maldad y ese desequilibrio de tu personaje. ¡Te felicito, mi amor! Santiago y Luis sabían que lo podías lograr... ¡y eso que todavía no has filmado ni una de tus maldades!

 

Con la emoción de saber esos comentarios, me di cuenta de que los trasnochos y los nervios habían dado sus frutos. Ahora sí iría con todo para continuar filmando. Gracias a Luis Correa por ver más allá de lo que yo mismo pensaba, por creer en mí y por darme esa oportunidad.

 

Pero este viaje no termina aquí... la próxima semana viene la continuación de este relato con todo lo que pasó en las filmaciones y la escena de la muerte de mi personaje.

 

Y así pasó...

 
De venta en AMAZON  
 

 Más artículos en: Y ASÍ PASÓ

SIEMPRE SE ESCUCHARÁN SUS PASOS EN LA ESCENA, por José Pulido, Premio Internacional de Excelencia “Ciudad del Galateo - Antonio De Ferrariis”, Italia 2024: prólogo del libro "CARLOS GIMÉNEZ MEMORY biografía" de Viviana Marcela Iriart

  El Soneto 6 de William Shakespeare podría recitarse hoy en la tumba de Carlos Giménez , de Carlitos, como lo llamábamos y lo seguiremos ll...