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PÉGAME DE VERDAD ... EL BESO DEL GUASÓN / por Jairo Carthy / Caracas, 19 de abril de 2026

 

Estudiar teatro con Horacio Peterson era como subirse a una montaña rusa sin cinturón de seguridad: nunca sabías hacia dónde te lanzaría o qué esperaba de nosotros. En sus clases, y mientras se representaban las improvisaciones del día, la postura era sagrada. Teníamos que sentarnos con la espalda tan recta como bailarines de ballet (o como si nos hubiéramos tragado un perchero), porque si te encorvabas un milímetro, ahí aparecía su famosa vara de madera para "corregir" la posición con un toque de disciplina.

 

Horacio nos enseñaba la gramática del escenario: los famosos "trucos". Cómo dar un golpe sin tocar al otro, cómo recibir una cachetada coreografiada, cómo desmayarse con elegancia y, por supuesto, cómo besar apasionadamente... de mentira.

 

Yo, que en ese entonces era un rebelde del realismo, sentía que esos trucos se veían muy falsos. Desmayarse en "cuatro tiempos" me parecía una ofensa a la gravedad. Por eso, cuando me tocaban escenas violentas, le pedía a mis compañeros: -Pégame de verdad, no muy fuerte, pero que se sienta. Buscaba la reacción natural, convencido de que la técnica era el enemigo de la verdad. El Maestro nos enseñaba que el que debía hacer el espectáculo era el que recibía el golpe, más que el que lo daba.

 

Un día, Horacio nos lanzó un reto: escribir, dirigir y actuar nuestra propia escena. Lamentablemente, cuando improvisábamos, estábamos más pendientes de qué decir o crear una escena “inteligente” que de interpretar y caracterizar un personaje, que en realidad era para lo que nos estábamos preparando, no para ser dramaturgos.

 

Como estábamos bajo la influencia total de las telenovelas de la época, terminé armando un melodrama de alto impacto. La trama era un clásico: una pareja está conversando en la sala de la casa de ella, comienzan a ser muy cariñosos, el romance sube de tono y, en el clímax del beso, entra la madre a descubrirlos. ¿El giro dramático? El galán también se había acostado con la suegra sin saberlo.

 

Decidido a romper con la "farsa" de la técnica, convencí a mi compañera de que nos besáramos de verdad: - Para que se vea real, -le dije. Ella, muerta de la pena, aceptó solo porque la "mamá" de la escena y yo la acorralamos con argumentos artísticos. Yo quería ser el pionero del realismo en la escuela; estaba seguro de que Horacio me daría una medalla.

 

Llegó el día de la presentación eran como 10 trabajos que se iban a presentar, nosotros éramos casi los últimos, y estábamos nerviosos porque todo saliera muy bien Mi compañera, nerviosa, se retocó el maquillaje unas cincuenta veces. Labios de un rojo intenso, perfectos para el drama. Mientras yo estaba pendiente de los otros trabajos para arreglar los elementos de escenografía que usaríamos en el nuestro.

 

Salimos a escena, empezó el coqueteo y, finalmente, nos fundimos en el esperado beso apasionado. La madre debía interrumpir gritando el nombre de su hija, pero se quedó muda. Yo creo que lo hizo a propósito para vernos sufrir, así que, en nombre del arte, nosotros seguimos dándonos el beso del siglo.

 

Cuando por fin la "madre" soltó el grito y cortó la acción, me voltee hacia ella. Estaba petrificada: - ¡Qué actriz!, pensé yo: - está roja de la ira, no puede ni hablar. Pero cuando giré a ver a mi pareja, casi me da un síncope: parecía un payaso de circo que acababa de sobrevivir a un tornado. El labial rojo que se había retocado mil veces estaba desparramado por toda su boca, la quijada y las mejillas.

 

De inmediato caí en cuenta: si ella estaba así, yo debía parecer al Guasón después de una pelea.  Éramos dos estatuas pintarrajeadas. La "madre" hacía esfuerzos heroicos por no reírse, tapándose la cara con las manos para fingir que lloraba de dolor, pero los hombros le saltaban de la carcajada contenida. El público (nuestros compañeros) estalló en un rugido de risas incontrolables.

 

Aquello era un desastre total, a esas alturas nosotros tres no podíamos parar de reír, pero Horacio, con su genio habitual para salvar el caos, empezó a meter a otros alumnos a escena. En segundos, pasamos de un drama familiar a un sanatorio de enfermos mentales donde todos gritábamos y reíamos. Fue la única forma de justificar nuestras caras manchadas y la risa histérica.

 

Al terminar, Horacio casi me expulsa. Por disciplina me quedé callado, pero años después le expliqué que yo solo quería "verdad". Me perdonó, pero me quedó claro que el truco existe por una razón: para no terminar pareciendo un grafiti.

 

Años más tarde, el destino (y Horacio) me cobraron mi obsesión por la realidad. En el musical LOCURA ES…, yo interpretaba al tipo más rudo del pueblo. En una escena, mi pareja (una mujer mayor) me insultaba desde el otro extremo del escenario. La orden de Horacio era clara: yo debía cruzar a toda velocidad y darle una cachetada fulminante.

 

Durante los ensayos pedimos que quitara el golpe, pero Horacio no cedió. La noche del estreno, con la adrenalina a mil, se me fue la mano. Le di un golpe tan real que casi la mando al foso de la orquesta. El público soltó un "¡Oh!", colectivo. Yo sudaba frío pensando: - Si a mí me arde la mano, ella debe estar viendo pajaritos. En el intermedio, ella fue una dama: - No te preocupes, gajes del oficio. Esas cosas pasan. Ya se me aliviará el dolor. 

 

Pero la procesión iba por dentro. Durante toda la temporada, la escena se volvió fingidísima porque yo tenía pánico de volver a tocarla. Sin embargo, ella estaba esperando su momento. En la última función, cuando fui a darle la cachetada técnica, me agarró la mano con una fuerza de acero, me torció el brazo y se me fue encima. Me dio cachetadas, tirones de pelo y patadas. Yo no podía quejarme porque mi personaje era un "macho", así que tuve que aguantar la paliza frente a todo el teatro, y por fin los otros actores la agarraron y ella me miraba con una gran satisfacción. 

 

Nunca le reclamé. Tenía toda la razón. Desde entonces, le tengo un respeto sagrado a la técnica. La violencia en escena, aunque sea "por amor al arte", siempre trae sus consecuencias.

 

Y así pasó...

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com

  


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Más artículos en: Y ASÍ PASÓ 
 


MI TIEMPO CON JOSÉ IGNACIO CABRUJAS ... por Jairo Carthy / Caracas, 22 de Marzo de 2026

 


Las nuevas generaciones no lo conocieron y tal vez no saben quién fue él, o quizás si… pero cuando un hombre deja un legado de dimensiones tan grandes, su nombre se convierte en el norte de todas las disciplinas. Hablar de teatro, de cine o de literatura es, inevitablemente, terminar pronunciando su nombre. Fue el actor que prestó su talento, el director que dibujó mundos, el dramaturgo que nos diseccionó como sociedad, el docente generoso que entregó su saber, y ese melómano apasionado que transformó la ópera en una experiencia mística. ¿Quién reúne todas estas cualidades?  Solo él: JOSE IGNACIO CABRUJAS, el hombre de la voz gruesa y cautivante de muchos comerciales y locuciones para la televisión.  

 

Mis recuerdos son como una película que se proyecta con nitidez. Lo veo siendo el Eloy de “La Revolución” de Chocrón, o el Torbaldo en “Casa de Muñecas” de Ibsen. Pero, por encima de todo su interpretación de Pío Miranda en su propia obra, “El día que me quieras”, fueron trabajos como actor que quedan en mi mente y que en mi proceso de formación disfruté, aprendí y valoré por haber tenido la oportunidad de disfrutar.  Pío Miranda, aquel patético soñador, atrapado entre la utopía y la desolación, fue un regalo del azar el verlo a él haciendo el papel: porque fue escrito para Fausto Verdial, pero por problemas de salud, obligó a José Ignacio a saltar a las tablas para no detener el estreno de la temporada. Verlo allí fue una lección de vida; luego Fausto retomaría el papel con igual maestría, pero haber presenciado a Cabrujas habitando su propia criatura fue todo un privilegio.

 

Tenía la capacidad casi divina de escribir para sus actores, conociendo de antemano sus silencios, sus alcances y sus límites. Escribía para sus "favoritos", para esos rostros de eterna confianza que él sabía que no iban a representar un papel, sino a encarnar una verdad.

 

Recuerdo claramente aquel ensayo general de una de las Galas de Ópera que compartimos.  Se me acercó y, con esa naturalidad, me soltó una promesa que me hizo temblar: - Voy a escribir una obra para ti. Me dijo que sería sobre un escritor de telenovelas y junto a la maravillosa Irma Palmieri destacada comediante de la televisión haría pareja. En ese instante, sentí que el Rey Midas me había tocado el hombro. Para un actor, que Cabrujas te soñara en un personaje era convertirte, de golpe, en una pieza de oro reluciente.

 

La televisión, con su voracidad insaciable, empezó a devorar sus horas. Ese "monstruo" donde todo es para ayer, donde la inmediatez castiga la pausa, le robó espacio al teatro, pero nos devolvió al analista lúcido. Todos esperábamos con ansiedad su columna semanal; “El país según Cabrujas” no era periodismo, era una brújula moral. En sus letras, Venezuela se miraba al espejo, con sus miserias y sus esperanzas. Y los sábados... ah, los sábados eran de la ópera. En su casa, rodeado de miles de discos, literalmente cientos de docenas que eran su tesoro más preciado, se daban cita los amigos "operáticos" para descubrir las grabaciones más recientes del bel canto.

 

Fue en ese refugio de arias y libretos donde mi relación con él trascendió la admiración profesional para convertirse en una amistad. Mientras todos le decían "Maestro", para mí siempre fue José Ignacio. Con el respeto que da el cariño, lo tuteé siempre. Compartí su día a día, trabajando con su esposa, Isabel Palacios, en la Camerata de Caracas. Durante años, su casa fue mi oficina. Allí conocí al Cabrujas íntimo, al que pocos tuvieron acceso; el hombre detrás de la leyenda.

 

Juntos vivimos el desarrollo de la Fundación Ópera de Caracas. Al lado de Isabel, Carlos Riazuelo y Hans Neumann, José Ignacio se empeñó en demostrar que el talento venezolano podía sostener los roles protagónicos que las compañías extranjeras les negaban. Recuerdo su puesta en escena de Don Juan de Mozart como algo apoteósico: el escenario, en una metamorfosis casi imperceptible, se convertía en un altar de una iglesia, inmenso donde los personajes se transformaban en santos. Fue una era de oro de cinco años que, dolorosamente, el Estado venezolano decidió apagar al quitarle el subsidio. Un silencio repentino que nos dolió a todos.

 

Pero ese cierre abrió para mí la puerta a la cotidianidad del genio. Descubrí su pasión por la cocina: - Jairo, cocinar es lo que me gusta más, más que escribir, más que dirigir, me confesó un día entre olores a especias y sofritos. Verlo cocinar era ver un ritual de perfección. Era un chef riguroso, un alquimista que solo aceptaba ingredientes de primera calidad. Las pastas eran su especialidad. Era todo un ritual sentarse a comer lo que había preparado y degustar esa sazón única que tenía.

 

Yo colaboraba con él en muchas cosas, estaba muy pendiente de enviar su columna para que estuviera a tiempo en el periódico, A veces recibía amigos en el salón de la casa y junto a Boris Izaguirre y Perla Farías quienes trabajaban con él en algunas telenovelas comenzaba a echar cuentos y anécdotas, yo sabía que iba improvisando la historia en el momento, ya había oído otras versiones, pero igual eran increíbles, uno le creía todo a pesar de que a veces eran difíciles de creer.  Me ocupaba de ayudarlo en muchas cosas, a pesar de su genialidad a veces era torpe para ciertas cosas.  Su luna de miel con Isabel la dejó en mis manos;  planifiqué todo para que fuera un viaje inolvidable desde que salieran de la recepción de la boda. Y así fue, yo estuve muy satisfecho por el resultado.

 

Mientras esperaba que escribiera la obra que me había prometido, me pidió que trabajara en un montaje que iba a hacer en el Ateneo de Caracas, era una obra de Ibsen Martínez titulada “Fiero Amor”  la cual tendría de protagonista al primer actor Gustavo Rodríguez interpretando al Presidente Rómulo Betancort.  Yo tendría el rol de Pío Miranda, el mismo de su obra “El día que me quieras” era un verdadero honor para mí.  Lamentablemente, la experiencia no fue buena, para nada, muchas cosas ocurrieron en el desarrollo de ese montaje, y no guardo buenos recuerdos de esta obra.  Afortunadamente, entre José Ignacio y yo todas las asperezas se limaron y seguimos siendo los amigos que hasta ese momento habíamos sido. Amistad blindada por el respeto mutuo.

 

Luego vino la mudanza de la Camerata, su nueva oficina, y ese distanciamiento natural que imponen los nuevos espacios. Y de pronto, lo que nadie podía prever. Su muerte inesperada... Se fue en su mejor momento, cuando el mundo entero reclamaba su pluma. Dejó proyectos a medio camino, historias sin final y un vacío que, décadas después, todavía se siente frío.

 

Se fue el escritor, el dramaturgo, el director... pero sobre todo se fue el amigo.   Fue un artista total, una llamarada de inteligencia que iluminó nuestra identidad. Hoy, al mirar atrás, solo puedo dar gracias. Qué bueno que estuve ahí. Qué bueno que pude conocerlo, disfrutarlo y aprender de él.

 

Y así pasó.

Jairo Carthy

jcarthyc@gmail.com

 

PD. Si quieres conocer los detalles de “Fiero Amor” en mi libro “Cómo soportar la vida con humor. Confesiones de un actor” los encuentras. 

 

 

Más artículos en: Y ASÍ PASÓ  



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PUERTA ABIERTA AL MAR, obra de teatro de Viviana Marcela Iriart, febrero 2026, de venta en AutoresEditores

 




La Dra. Susana D. Castillo, de la Universidad de San Diego en California, escribió en la revista Latin American Theater Review de la Universidad de Kansas, Estados Unidos:

"...la obra explora el desarraigo de sus dos personajes en diferentes planos. En un primer nivel, la obra versa sobre el re-encuentro ansioso de dos mujeres separadas durante diez años…


Acertadamente el encuentro inicial está coreografiado en una danza lenta en la que las dos mujeres tratan de hallarse
–como en una neblina – al mismo tiempo que reprimen la exteriorización de sus conflictivas emociones... Así ellas pasarán -con cautela y mesura- de la evocación a la risa, del canto a la nostalgia, de la distancia….al tango!...
(...)
Es oportuno añadir que Viviana Marcela Iriart –novelista y periodista – estuvo refugiada en la Embajada de Venezuela a los 21 años, etapa en la que empezó su exilio que la llevaría a varias latitudes hasta ubicarse en Venezuela…”.


Argentina, principio años ´90. Sandra y Dunia, amigas desde la infancia que fueron detenidas-desaparecidas por la dictadura en un campo de concentración, por ser pacifistas, se reencuentran después de varios años de exilio de Sandra.
Del emocionante reencuentro pasan a la sorpresa descubrir cómo la dictadura logró separarlas y crear dos pueblos: el de las personas que se quedaron y el de las personas que fueron condenadas al exilio.
De repente, un abismo se abre ante sus ojos, dejándolas en orillas separadas.
¿Podrán crear un puente que las una?



De venta en: Autoreseditores





HOMENAJE, obra de teatro de Armando Africano B en homenaje a Frida Kahlo

 




Frida Kahlo luchó tanto por vivir, que es difícil pensar que se haya ido tan joven.

A través de esta pieza, asistiremos a la organización y preparación de un homenaje similar al que tuvo lugar en Ciudad de México hace 73 años y que fue la primera y única exposición individual que ella tuvo en su país, a pesar de haber sido reconocida mundialmente y expuesto en las galerías más importantes del mundo, evento significativo, y que se convirtió en algo trascendental para la historia del arte mexicano, no sólo por la artista homenajeada, sino por la manera en que se llevó a cabo. Fue la última vez que la artista asistió en vida y compartió con su público.

Personajes realmente simpáticos integran esta historia, con escenas divertidas y también llenas de nostalgia, conmoviéndote y emocionándote por este original encuentro con Frida Khalo, su personalidad te atrapará al descubrir las experiencias tan duras por las que tuvo que pasar.

Frida escribió en su diario: «Espero una salida feliz, y espero no volver jamás», pero su pasión por la vida y sus ansias de libertad, y su capacidad de transformar el sufrimiento en belleza y expresión artística, hacen que ella siga existiendo, inspirando deseos, esperanzas y recuerdos en la memoria de las personas que la han admirado durante tantos años.

Prepárense a asistir a este Homenaje, y revivir hermosos momentos en esta exposición que, al igual que hace décadas, te sorprenderá. 

HOMENAJE del autor venezolano Armando Africano B con diseño gráfico del artista Jairo Carthy C está a la venta en AMAZON en formato tapa blanda y ebook.




LA DAMA DEL PONCHO ROJO, monólogo de Armando Africano B: homenaje a Chavela Vargas

 






Hay personas predestinadas que, a pesar de las duras pruebas que les presenta la vida, deciden lanzarse al mundo, vencer todo y vivir la vida según su propio deseo. Así fue Chavela Vargas, quien a pesar del odio y resentimiento que recibió sin merecer, logró seguir adelante. Ella fue considerada “distinta” y “rara”, pero más allá del dolor, la angustia, el saber y todo lo que la rodeaba, su arte, a través de su canto que trasciende el canto convencional, le permitió continuar sin arrepentirse de nada: ni de lo bueno ni de lo malo, ni de los momentos felices ni de las tristezas.


A pesar de que nunca recibió amor en la forma convencional, según sus propios recuerdos, ella amó sin límites, sin medida, sin complejos, sin permiso, sin miedo, sin consejo, sin duda, sin precio y sin cura. Amó con todo su ser, muchísimo, pero lamentablemente, nunca le correspondieron. Ella solía decir que en el amor le fue re mal, que le fue de la patada.

En esta pieza 
LA DAMA DEL PONCHO ROJO, compartiremos algunos pasajes de su larga, difícil y turbulenta vida, que disfrutó y padeció durante más de 90 años. Nos atrevemos a contar estas historias porque ella logró seguir su camino, soportando golpes por todos lados, sin arrepentirse de nada, gracias al apoyo de sus miles de seguidores que la hicieron sentir viva y que la mantuvieron en la memoria y en los recuerdos, cargados de momentos felices que creó y sintió, con o sin el consentimiento de los demás.

Chavela afirmó que logró sobrevivir porque poseía la admirable audacia de reinventarse tras tantas etapas duras. Esa capacidad le permitió regresar al éxito en su último intento. Vivió más de 15 años en lo que describió como “mis 15 años en el infierno”: retirada, olvidada y enferma, aislada en una humilde casa en México, alejada de los escenarios, luchando contra sus propios demonios internos. Había dejado de cantar, vivía recluida, superando una fuerte adicción al alcohol. Para entonces, ya tenía 70 años y parecía que el mundo la había olvidado, hasta que Joaquín Sabina la buscó, la encontró y le rogó que regresara, diciéndole: “El mundo no puede vivir sin tu voz. Ven a España, vuelve a cantar.”


Chavela regresó a España en 1991, después de una ausencia de 30 años. Volvió a los escenarios y su concierto en el Palacio de Bellas Artes fue histórico; fue ovacionada de pie. La voz rota pero poderosa de Chavela volvió a estremecer al mundo. Posteriormente, Pedro Almodóvar la conoció y la invitó a participar en las bandas sonoras de sus películas "La flor de mi secreto" y "Carne trémula". También promovió su presentación en el Teatro Olympia de París, consolidando su regreso y reconocimiento internacional. 

Este monólogo del escritor y productor venezolano Armando Africano B. nos lleva de la voz de Chavela a recordar y vivir los momentos más importantes de su vida, sin dejar del lado el humor sarcástico que la caracterizaba ni su profunda honestidad. Con diseño del artista Jairo Carthy C,  LA DAMA DEL PONCHO ROJO es una obra para disfrutar leyendo o viendo en una sala de teatro.

De venta en AMAZON, en versión papel y ebook.






¡BRAVO CARLOS GIMÉNEZ! de Viviana Marcela Iriart, prólogo de José Pulido, de venta en Amazon, febrero 2025

 



Cuadro José Augusto Paradisi Rangel. Diseño gráfico Jairo Carthy





 “En Caracas hay un joven director que ha encontrado la esencia del estilo épico de Brecht y los elementos de los métodos de trabajo de Peter Brook, en soledad, lejos de los maestros europeos. Ese director es Carlos Giménez”. Glenn Loney, Universidad de Cambridge, 1986.


¿Quién fue Carlos Giménez? ¿El genio argentino-venezolano que fue convocado y alabado desde los 17 años por Jack Lang,  Joseph Papp, Giorgio Strehler, Pierre Cardin, García Márquez…?  

 

¿El que a los 19 años ganó sus primeros premios en Europa?


“Carlos Giménez era uno de los más grandes talentos  que ha tenido el teatro en el siglo veinte. Hubo instantes  en que su voz y el teatro eran lo mismo. Con su trabajo  elaborado en un nivel que suscitaba admiración y asombro, Carlos Giménez logró que resultara imposible olvidar su obra y su carismática persona”.  José Pulido, fragmento del prólogo.


¿El fundador del Festival Internacional de Teatro de Caracas, el Festival Latinoamericano de Teatro de Córdoba, la Fundación Rajatabla, El Juglar, la Fundación Artistas por la Vida…?


¿El genio que dedicó su corta vida a denunciar al poder político-religioso a través de montajes llenos de poesía y magia?


“Carlos Giménez realiza una puesta ritual, tenebrosa, sofocante, monumental que emana un poder del que no  se puede escapar y que ni el idioma español puede expresar”.  Der Tagesspiegel, Berlín, 1982.


¿El artista que fue perseguido por dictaduras, censurado por democracias, deportado, encarcelado, torturado,  víctima de campañas de desprestigio por ser homosexual?


¿El hombre amable y generoso que ayudó a cientos de personas con dinero, becas, trabajo…?


¿El hombre que, según la leyenda, tenía tan mal carácter que lanzaba máquinas de escribir por la ventana cuando se enfurecía?


¿El hombre tan seductor que podía enamorar hasta las piedras?


“El director ofrece un drama de tan ardiente erotismo que es difícil saber si el olor a fuego en el auditorio proviene de los braseros en el escenario o de los cuerpos de los actores. El Sr. Giménez crea un espectáculo con la belleza y la grandeza cromática de una  pintura de Gericault”.  The New York Times, 1987.


Carlos Giménez nació en Argentina el 13 de abril de 1946 y murió en Caracas el 28 de marzo de 1993.  En apenas 29 años  dirigió 101 obras de teatro, creó más de 20 instituciones, realizó 34 giras por cuatro continentes y recibió más de 100 premios.


​​​​​​​“No había tomado en cuenta la brillantez del director  y adaptador Carlos Giménez cuya versión me impactó  muchísimo. La genial producción de Carlos Giménez  está destinada a ser una de las más espectaculares del  Festival”.  The Guardian, Londres, 1991.



Con prólogo del poeta José Pulido, cuadro de portada del artista José Augusto Paradisi Rangel y diseño gráfico del artista Jairo Carthy, ¡Bravo Carlos Giménez! de Viviana Marcela Iriart,  nos acerca a este artista y ser humano fascinante   a través de entrevistas y textos de personalidades de la cultura mundial como Jack Lang, Norma Aleandro, Rolando Peña, María Teresa Castillo, Carlos Pérez Ariza, José Simón Escalona, Marcelo Pont, Roland Streuli, Àngel Ancona, Àngel Acosta, Irene Arcila, Azparren Giménez, María José Alfaro, Teresa Selma, Roberto Moll, Esther Khon de Cohen, Mariel Jaime Maza, Juan José Bartolomeo, José Luis Montero Conde, Carmen Carmona, Alvin Astorga, Beatriz Angelotti,  Elio Palencia, Francis Rueda, Rodolfo Molina, Xiomara Moreno, Gabriela Llanos, Elaiza Irizarri, Paulina Gamus, Cecilia Bellorín, Luis Garván, Juan Pagés, Migdalia Guerrero, Rubén Monasterios, Jorge Arán, Miguel Bazano, Diego Balaguer, David Blanco, Marta Candia,  Aitor Gaviria, Sonia M.Martin, Ángel Fernadez Mateu, Nestor Muzo, Jorge Pinus, Aura Rivas, Pilar Romero, Francis Rueda, Carlos Cassina, Roberto Magurno.  ¡Bravo Carlos Giménez!  es una edición de Escritoras Unidas & Cía. Editoras.


“Absolutamente emocionante. Todo el mundo quedó en  suspenso desde la primera palabra hasta la última. No  se oyó volar una mosca, no se oía respirar”.  Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, México, 1989.


El libro también contiene  artículos escritos por  Carlos Giménez que, además de todo, escribía muy bien.

Parte de las ganancias del libro serán usadas para comprar el libro y donarlo a bibliotecas de Argentina y Venezuela.

 

El libro está a la venta en Amazon








COMO SOPORTAR LA VIDA CON HUMOR de Jairo Carthy C: graciosísimas anécdotas de su vida en el teatro y el cine junto a grandes figuras de Venezuela y España

 





"Mi responsabilidad era echar chistes, los peores chistes sin gracia que puedan imaginar. ¡Pero el público gozaba mucho! Era increíble, no paraban de rr. Son esos misterios del teatro El pequeño detalle es que a esas alturas de la pieza ya la borrachera de mi personaje iba in crescendo” pues desde el inicio Carlos tomaba cerveza y cuando se le terminaba abría una botella de ron, la cual él solo se la iba tomando hasta llegar al monólogo final de la obra (...) Carlos se encuentra en el medio del escenario, apoyándose en una vieja silla por la borrachera y enfrentándose al público dice:

 CARLOS: El otro día me vino una tos terrible, fui a la farmacia y pedí un buen jarabe, el farmaceuta me trae un laxante. - ¿Pero  estás loco mi pana? Yo quiero algque me pare esta tos… el farmaceuta me contesta: - Esto es lo mejor, si Usted se lo toma le prometo que ni se va a atrever a toser.

El público, para mi sorpresa, estalló en carcajadas".  Fragmento del libro.


"Jairo Carthy nos cuenta en este libro, no solo las dificultades para cumplir su anhelo de ser actor, sino que narra, con maravillosa destreza, momentos difíciles y hermosos que vivió en su exitosa carrera teatral. ¡Y cómo nos hace reír! Porque Jairo tiene el magnífico don de contar historias, incluso las difíciles, con un humor delicioso que nos hace reír a carcajadas una y otra vez. Y volver a leerlas, una y otra vez.

Este libro es también un valioso testimonio de algunos de los momentos más importantes y fecundos del teatro venezolano. Este libro es mucho más que una colección de anécdotas. También es un sólido ejemplo, un rico testimonio de lo que para Jairo Carthy significa ser un Actor Profesional. Porque ha tenido una vida dedicada a la creación y al arte de manera devota, respetuosa, amorosa". Fragmento del prólogo de Armando Africano B.


“En esta muestra del Grupo Gente de Teatro de Venezuela, cabe destacar la excelente interpretación de Jairo Carthy como Leporello el criado de Don Juan.” DIARIO 16 / Madrid - España.



Jairo Carthy, con una carrera de más de 4 décadas trabajando con las mejores compañías teatrales venezolanas, y también en cine con Maribel Verdú, las anécdotas divertidìsimas que tiene para contar son tantas, que este libro es sólo el comienzo. Las anécdotas graciosas, e incluso las que no lo son pero que Jairo magistralmente las convierte en humor, están tan bien contadas que Jairo te hace sentir parte de su relato, logrando que no puedas dejar de reír y reír y reír. Y que enseguida tengas ganas de decirle a tus amigas y amigos que compren el libro porque es muy difìcil encontrar un libro que te haga reír tanto como éste, sin recurrir a ninguna groseria ni a historias soeces. Porque "soportar la vida con humor" hace que la vida sea más fácil, más alegre, más ligera. Y mientras estés leyendo el libro te olvidarás de los problemas y te sentirás en un teatro, único y privilegiado público de una actuación magistral de Jairo Carthy C.

Jairo Carthy C. es uno de los más destacados actores de teatro de Venezuela que estudió con el maestro Horacio Peterson siendo un adolescente y desde su primera actuación no dejó de sorprender al público y a la crìtica venezolana y extranjera por su extraordinaria versatilidad y talento.


"Jairo Carthy con su infinidad de personajes, es un actor muy agil , de excelente dicción y dueño de una soltura para la comedia, que deberá atraer sobradamente a los espectadores.” Ras, Diario El Nacional

“Jairo Carthy se roba el show más de una vez como Leporello, con una excelente mímica y unos gestos precisos”. Baiba Pecins / THE DAILY JOURNAL

En la película La Matanza de Santa Bárbara (...) destaca Jairo Carthy, en la imagen terriblemente violenta, impactante, aunque fascinante en su aterradora y estremecedora demencia del tiro de gracia a la desnuda víctima.” Rodolfo Izaguirre / EL DIARIO DE CARACAS

“Estupenda composición de Jairo Carthy”.
 Rubén Monaterios / Diario EL NACIONAL

“En La Posadera hay méritos que se deben reconocer, el de mayor elevancia se basa en el carácter interpretativo de Jairo Carthy, actor de grandes condiciones, en esta obra realiza una estupenda labor al centrarla en la comicidad de su personaje, moldeándola rasgo a rasgo.” Pablo García-Gámez / Diario EL UNIVERSAL

“Una impactante puesta en escena de El Chingo” centrada en el virtuosismo actoral de Jairo Carthy y Rafael Yépez, dos grandes actores quienes con sus roles travestidos dan una lección clara de su arte.” E. A. Moreno Uribe / Diario EL MUNDO

“... siendo el trabajo más destacado en Niu-York, Niu-York el de Jairo Carthy, quien lee sacó el máximo provecho a su papel de artista frustrado y patético.” Carlos E. Herrera / Diario EL NACIONAL





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PÉGAME DE VERDAD ... EL BESO DEL GUASÓN / por Jairo Carthy / Caracas, 19 de abril de 2026

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