Fuente: EL NACIONAL
El palo mayor de la balandra Isabel marca sobre el cielo el tardo vaivén del puerto adormilándose en la penumbra del atardecer.
Un marinero, cansado y alegre, se apoya en la barandilla mohosa, rota por las olas, y silba una canción que oyó hace mucho tiempo.
Ese es un fragmento del cuento “La balandra Isabel llegó esta tarde”, que escribió Guillermo Meneses, autor venezolano siempre vigente. A partir de ese cuento se generó una nueva y gran vivencia para el teatro venezolano, aunque quizás nunca se supo con certeza y Guillermo Meneses apenas lo habrá pensado.
En ese cuento se interesó Bolívar Films para hacer una película y logró captar para una coproducción a los cineastas argentinos Carlos Hugo Christensen y Enrique Faustin, cuya empresa se llamaba Chrisfa. La película se rodó en 1949 y se estrenó en 1950.
Fue dirigida por Carlos Hugo Christensen, cuyo asistente de dirección era el joven actor Horacio Peterson. Se rodó con guion de Aquiles Nazoa, música de Eduardo Serrano y protagonizada por Arturo de Córdova, Virginia Luque, América Barrio, Juana Sujo, Tomás Henríquez, Néstor Zavarce y María Gámez.
El joven Horacio Peterson fue alumno del pionero del teatro moderno en Chile, Pedro de la Barra. Su nombre era Horacio Collao, pero en el arte se consideraba hijo de don Pedro de la Barra y por eso escogió Peterson como apellido.
La balandra Isabel llegó esta tarde y trajo a Horacio Peterson: esa es la síntesis de un inicio que transformó el teatro venezolano.
Horacio Peterson era un hombre teatro, un prodigio de la actuación, un maestro de la escena. Cuando llegó a Venezuela desde Chile, ya había protagonizado películas y había estado en varias obras de teatro. Actuó, dirigió, escribió y enseñó. Su vida fue una entrega al arte de la actuación. Él llevó a Carlos Giménez a Venezuela. Es obvio que el teatro venezolano contiene en su carisma esencial la exigente genética artística de Horacio Peterson.
Jairo Carthy dice algo que define muy bien lo que fue Horacio Peterson: “A Peterson había que reconocerle que te sacaba temperamento, volumen en la voz y fuerza interpretativa como fuera, gracias a esas técnicas vencí mi timidez e incluso llegué a hacer trabajos que nunca pensé que pudiera hacer y que nadie se atrevía a hacer”.
Jairo Carthy fue uno de los alumnos de Horacio Peterson. Es decir: fue uno de los seres elegidos y seleccionados para apasionarse eternamente por el teatro y dedicar su vida a la escena. Jairo ha cumplido al pie de la letra con ese designio.
La belleza como inspiración, la búsqueda de una expresión bien acabada y muy elevada en la actuación, han sido acompañantes de Jairo en su pasión por la actuación, en su alma vertida hacia el escenario.
Su devoción por la actuación y su entrega a esa existencia en la escena definieron su vida. Actualmente se dedica a escribir y a continuar su trabajo como diseñador. Ha publicado un libro que es memoria preciosa: Cómo soportar la vida con humor: las confidencias de un actor, una visión de lo que ha sido el arte de la actuación en Venezuela, una muestra de lo que se ha hecho y al mismo tiempo una narración fluida y optimista de todo lo que ha debido resolver para convertirse en actor y realizar una vida profesional en ese sentido.
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| Ediciones Choroní, 2025. De venta en Amazon y en autoreseditores.com |
Ese libro es una obra escrita con desenfado, precisión y hondura. El libro lo ha publicado la agrupación Escritoras Unidas & Cía. Editoras. Esa editorial generó el nacimiento de Ediciones Choroní, donde Jairo realiza diseños que reflejan su talento y dedicación.
Leer ese libro es enterarse de muchas intimidades importantes para conocer en profundidad el cuerpo y el alma del teatro venezolano. Para que se tome en cuenta la vida de un actor que lo ha dado todo por la escena y el arte, he aquí la entrevista con Jairo Carthy.
¿Puedes contar un poco tu experiencia con la ópera y el teatro?
Mi experiencia en el teatro ha sido lo mejor de mi vida. Fui alumno de Horacio Peterson, debuté con él y durante más de treinta años estuve activo como actor, teniendo el privilegio de ser dirigido por los más prestigiosos creadores de esa época. Es lo más importante que he realizado: tener una trayectoria en teatro y también en cine.
Comencé a trabajar en la Fundación Mito Juan Promúsica, destinada a la promoción de artistas de música clásica y a llevar sus carreras a un plano internacional. Fue creada y desarrollada por Mariangelina Celis, quien estuvo al frente durante muchos años, y yo a su lado apoyándola y aprendiendo, logrando que artistas de la talla de Abraham Abreu, José Francisco del Castillo, Harriet Serr, Antonio Bujanda e Isabel Palacios, entre otros, lograran su internacionalización.
En ese entonces conocí a Isabel Palacios, y como las actividades de Mito Juan finalizarían, me ofreció un cargo importante para trabajar con ella y con José Ignacio Cabrujas en la recién creada Ópera de Caracas. Acepté de inmediato; sentía que trabajando con ellos estaría un poco más ligado al teatro, y así fue.
Durante los años que duró la compañía aprendí muchas cosas: no sólo a entender y valorar cada título y compositor, sino lo difícil que era cantar de acuerdo a la tesitura que exigía cada partitura. Eso lo vivía a diario, pues teníamos el Taller Permanente de la Ópera de Caracas, donde se formaron muchos cantantes que luego hicieron una carrera profesional.
La ópera, sin duda, fue una gran escuela, y lamentamos mucho cuando se terminó. De la misma manera que un día Fundarte la creó, de un día para otro se terminó. Lo más triste es que el último montaje, que fue Don Giovanni de Mozart, tuvo un éxito sin precedentes. La puesta en escena de Cabrujas, la escenografía de José Salas y todos los que participaron en esa superproducción —cantantes, actores, coros, figurantes—, hicieron de ese montaje algo grandioso. Nunca nos imaginamos que, al caer el telón de la última función, sería el final de varios años de trabajo constante y superación.
¿Puedes hablar de tu colaboración y amistad con Cabrujas?
A José Ignacio Cabrujas lo conocía de lejos por mi trayectoria como actor. Lo admiraba no sólo como dramaturgo, sino como actor; verlo en La revolución junto a Rafael Briceño fue algo increíble. Estar presente en la noche del estreno mundial de El día que me quieras, de su autoría, interpretando el personaje de Pío Miranda, fue un privilegio que sólo pocos pudimos tener, pues el personaje era de Fausto Verdial y él retomó la temporada luego de recuperar su salud. Esa interpretación, y otras tantas, marcaron una admiración y respeto por él, sin imaginar que el destino me tenía preparada la sorpresa de conocerlo, convivir y hacer muchas cosas juntos.
Al trabajar en la Ópera de Caracas hicimos una amistad. Él había visto varios trabajos míos como actor y, por supuesto, para mí era muy importante trabajar con él. Allí, en la ópera, yo siempre estaba atento a lo que necesitaba, iba a los ensayos y aprendía.
Él tenía una relación con Isabel Palacios y, cuando se terminó la ópera, me fui a trabajar con ella en la Camerata de Caracas. Isabel y yo trabajamos juntos por más de cuarenta años, pero en la primera etapa de la Camerata no teníamos sede y por ello funcionábamos en la casa de Isabel. Los ensayos se hacían en una de las salas del Teatro Teresa Carreño. Ya José Ignacio e Isabel se habían casado y él tenía su estudio en esa casa. Gracias a ese trato diario y a la convivencia en esa casa, fui conociendo a un José Ignacio muy distinto al que se paraba a dirigir una ópera o una obra de teatro. Era muy tímido, muy genial y a veces muy torpe para muchas cosas; allí estaba yo dispuesto a ayudarlo y tenía una ternura increíble que contrastaba con esa voz de bajo profundo que tenía.
Nos llevábamos muy bien. A veces recibía personas en la sala y echaba cuentos y anécdotas, y yo me quedaba embelesado oyéndolas, aun teniendo cosas importantes por atender. Era increíble oír sus historias. Llegamos a tener una amistad tan grande que hasta su luna de miel con Isabel la dejó en mis manos; yo planifiqué todo para que fuera un viaje inolvidable desde que salieran de la recepción de la boda. Conocí al Cabrujas cocinero: era su verdadera pasión, siempre me lo decía: “Para mí es lo más importante y lo que más disfruto de la vida”. A veces me invitaba a almorzar, nos servíamos un whisky y, mientras cocinaba, hablábamos de muchas cosas, nunca de teatro. Por supuesto, los platos que hacía eran de un nivel sorprendente, muy elaborados; tenía una sazón exquisita. Era todo un chef que cuidaba al máximo los ingredientes; todo tenía que ser de primera calidad. Era todo un ritual sentarse a comer lo que había preparado.
Hicimos muchos planes juntos, unos se concretaron y otros no. Su muerte fue tan inesperada; tenía tanto que dar y estaba en su mejor momento como escritor de telenovelas, había muchos países que deseaban trabajar con él. Dejó un vacío enorme en muchos aspectos: como escritor (tenía varias columnas en la prensa y yo lo ayudaba en la logística del envío, etc., eran otros tiempos), como dramaturgo, como director, como amigo y como padre. En fin, era todo un artista. Qué bueno que lo pude conocer, disfrutar y aprender.
¿Estás escribiendo teatro aparte de los artículos?
No todavía, pero me encantaría hacerlo. Te confieso que siempre quise escribir, pero siempre me ha parecido que la literatura es un arte y una disciplina la cual respeto mucho. Pero he tenido tan buenos comentarios con mi libro Cómo soportar la vida con humor: confidencias de un actor, y ahora con la columna todos los domingos, que creo que me atrevería a escribir teatro. Podría ser fácil pues conozco, por mi experiencia como actor, los ingredientes que debería tener para que guste al público: las pausas, el ritmo, la duración... muchos detalles que pudieran serme útiles.
¿Dónde estás viviendo?
En Caracas. Aquí sigo a pesar de tantas cosas. No es fácil por toda la situación que se vive. La hiperinflación es tremenda y no es fácil para los que llegamos a la tercera edad; no tenemos oportunidades, parece que una trayectoria no es un buen aval para conseguir un empleo. Menos mal que las cosas a las que me dedico las hago por mi cuenta y así no dependo de nadie.
En estos inicios del nuevo siglo, ¿qué ha cambiado en tu modo de ver y hacer arte y cultura?
Definitivamente el concepto de hacer las cosas por el solo deseo de hacerlas. La entrega con que hace muchos años hacíamos todo ya no existe, ni la mística para enfrentar un trabajo en cualquier disciplina artística. Es cierto que la situación económica no ayuda, pero por ejemplo, yo trabajé en el diseño gráfico y allí sí cobraba lo justo; en cambio, hacer teatro era diferente, nunca estaba pendiente de cuánto me pagarían o si me pagarían. El amor al arte cubría todo y no sólo como actor: colaboré en muchas actividades teatrales y lo hacía sólo por el gusto de hacerlo. Pero ahora no es así; la gente que comienza quiere cobrar unos honorarios altísimos. No lo critico, pero a veces esa actitud hace que muchos proyectos no se lleven a cabo por los elevados costos en contrataciones.
¿Qué te entristece?
La falta de oportunidades que tienen los jóvenes actualmente en Venezuela. La falta de educación y los valores que se han ido perdiendo. A veces, cuando estoy con jóvenes y les cuento (yo hablo mucho) anécdotas o relatos, no lo pueden creer; creen que estoy exagerando y son las mismas cosas que yo viví cuando fui adolescente y que era lo normal para esos tiempos.
¿Cuáles palabras usas más?
“Excelente”, “muy bien”, “qué bueno”..., frases o palabras que conllevan algo positivo. Tampoco soy de las personas que les preguntas “¿Cómo estás?” y te contestan “¡Excelente! ¡Superbién!”, y te lo recalcan cuando tú sabes que no es así. Simplemente las empleo para dar énfasis a algo si se presta la ocasión. La verdad no me había dado cuenta sino hasta ahora que me preguntas.
¿Qué añoras?
Hacer teatro, volver a actuar, a crear un personaje, transformarme de nuevo en alguien más. Y tener presente que será la última vez; entonces sentiré que se cerró un ciclo que, como todo, tiene un final.
La escritura me llena totalmente; me da gusto escribir y que a la gente le guste o se entretenga y conmueva con mis relatos. Es algo que no esperaba, es un regalo con el que la vida me está premiando.
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JOSÉ PULIDO: miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. En 2022, recibió en México la mención honorífica del I Premio Internacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz. En 2024, fue galardonado con el Premio Internacional de Excelencia 'Ciudad del Galateo - Antonio De Ferraris' en su XI edición, en Milán, Italia.
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El Soneto 6 de William Shakespeare podría recitarse hoy en la tumba de Carlos Giménez, de Carlitos, como lo llamábamos y lo seguiremos llamando quienes tuvimos su amistad y el privilegio de verlo trabajando una obra de teatro, oficio que realizaba con la misma pasión que pusieron en boga los hombres y las mujeres que amaron el teatro y lo convirtieron en una magistral expresión del alma.
SONETO 6 DE SHAKESPEARE
No dejes que la cruda mano invernal estrague
ese verano tuyo sin que antes se destile:
conserva tu esencia en un precioso envase,
antes de que el tesoro más bello se aniquile.
No es vedada usura usar así la vida,
y alegra a quien paga la renta de buen grado;
hacer de ti una copia lo mismo supondría,
y si son diez por una, diez veces contentado.
Y más feliz diez veces aún te sentirías
si en otros diez iguales diez veces te copiases:
¿Entonces, al marcharte, la muerte qué haría
si a ti como heredero viviente te dejases?
No seas obstinado, que toda tu excelencia
ni Muerte ni gusanos obtengan por herencia
LA CONDICIÓN HUMANA
La condición humana, la sinceridad plena respecto a la condición humana. Lo que la gente no había advertido en su diario vivir. Eso le interesaba sobremanera a Carlos Giménez y lo expresaba en el teatro que organizaba y creaba sobre el escenario.
Él era un panorama humano, un destello de vida que no se apagaba. Y el fenómeno creador que lo acompañó desde siempre no resultaba fácil de descubrir pero cuando se avizoraba su fortaleza para dirigir, su magia para conmover era imposible dejar de admirar y querer lo que hacía.
El mundo podría estar encerrado en un frasco y Carlos lo miraría desde afuera y Carlos lo recorrería desde adentro y todo el cristal que el frasco usaba como envoltorio desaparecería cuando Carlos invocara la visión teatral.
Ese es uno de los puntos esenciales de lo que él sabía realizar: invocar la visión teatral y conseguir que la más alta expresión humana funcionara en un escenario y trascendiera hacia todos los senderos del alma.
Creo que Viviana Marcela Iriart fue una de sus amigas más observadoras, una de las más acuciosas y apasionadas a la hora de valorar lo que él lograba en la escena. Ella pudo mirar más profundamente en él, ella lo analizó como quien estudia las emanaciones del lenguaje que jamás deja de brillar.
Viviana Marcela ha logrado establecer una memoria sólida, irreductible, con su escritura y su noble deseo de que el olvido nunca toque la obra de Carlos Giménez. Ella es la muestra más clara y justa de lo que en última instancia anhela un creador en el arte: que alguien sea intensamente impresionado por la obra y haga posible que su recuerdo no desaparezca.
Porque en el teatro los escenarios se vacían y se vuelve a llenar con piezas, actores, escenografías, directores y dramaturgos, pero siempre hacen eso: se vacían y el público también va, viene y cambia: a veces para retroceder porque cada público debe comenzar de cero, desde el principio.
Viviana Marcela Iriart consigue que los nuevos públicos se empapen con las virtudes y la peculiaridad de Carlos Giménez, un hombre de teatro que se entregó tanto a esa pasión como cualquiera de los grandes teatreros que existieron transformaron en gran voz universal el lenguaje de las tablas.
No solo fulguraba en el oficio de hacer teatro, sino también en la propuesta existencial de amar el teatro. Hablando de pronto sobre el ángulo de una obra, Carlos Giménez podía extraer de sus sensaciones y conocimientos frases enriquecedoras que clarificaban cualquier niebla, que desenredaban cualquier madeja. Sus palabras salidas del hondo conocimiento de la escena, hacían más visible el alma de cualquier dramaturgo, de cualquier creador. Convertía en seres cotidianos a Shakespeare, Ibsen, Chejov, Ionesco, a cualquiera.
La biografía que ha realizado Marcela Viviana Iriart es una puerta amplia por donde es posible entrar al mundo de Carlos Giménez y amar más el teatro junto con él. Inclusive, hasta quienes no lo conocieron sabrán en algún momento que Carlos Giménez forma parte sustancial del teatro porque siempre se escucharán sus pasos en la escena.
Diseño de portada del libro: Jairo Carthy
Próximamente publicado por Ediciones Choroní
Un amor apasionado, erótico, misterioso, entre dos mujeres, acechado por la sombra de los crímenes de la pasada dictadura.
Verano de los '80. Paola, corresponsal de guerra, viaja a una Argentina atravesada por las heridas de la última dictadura a visitar a su abuela, mecenas de Puerto de Caracoles, un encantador pueblito a orillas del mar fundado por sobrevivientes de las guerras europeas.
Fabián, actor, quien la invitará a una fiesta en una casa muy especial: La Casa Lila, habitada por la ceramista Luz y su marido Gabriel, arquitecto.
Esa noche, sin que nadie lo imagine, surgirá un amor que atravesará todos los tabúes y prejuicios .
Fragmento:
"Esta historia que voy a contarles sucedió hace mucho.
En una época en que hombres y mujeres se desvivían, desolaban, revivían y morían, simbólicamente, por pasiones tan primitivas y lejanas como el amor.
Una época en que el amor se hacía cuerpo a cuerpo, sudor contra sudor, gemido sobre gemido.
Después llegó Internet.
Y la paz a los corazones.
Y el aburrimiento.
Será por eso que mis jóvenes amigas disfrutan tanto con esta historia y me piden una y otra vez que se las cuente".
Esta nueva edición de LA CASA LILA de Viviana Marcela Iriart, publicada anteriormente en Amazon con gran suceso, surge de la necesidad de hacer más accesibles nuestros libros en América Latina y por eso la publicamos en autoreseditores.com, una plataforma colombiana que nos permite tener precios más económicos.
Viviana Marcela Iriart (1958) es una escritora y entrevistadora argentina-venezolana.
Ha publicado los libros "Entrevistas" (a grandes personalidades de la cultura latinoamericana), "¡Bravo Carlos Giménez!" (rescate del legado del gran creador teatral), "Puerta Abierta al Mar" (teatro) y "María Teresa Castillo-Carlos Giménez-Festival Internacional de Teatro de Caracas 1973-1992" (de lectura gratuita).
Como
parte de la trilogía escogida por el productor Benjamín
Cohen para configurar el espectáculo “Tres
dramaturgas del silencio al estallido,” se estrenó exitosamente PUERTA
ABIERTA AL MAR de la argentina-venezolana Viviana
Marcela Iriart. Este proyecto, donde se presentaban los tres montajes
simultáneamente, empezó el 13 de abril y se mantuvo en cartelera por dos meses
consecutivos en la sala de conciertos del Ateneo de Caracas. Las otras obras
escogidas fueron Las Tiendas del Sheik de Carmen García Vilar
y Casa en Orden de Ana Teresa Sosa.
PUERTA
ABIERTA…, cuyo texto inédito ha llegado hasta nosotros, explora el
desarraigo de sus dos personajes en diferentes planos.
En un
primer nivel, la obra versa sobre el re-encuentro ansioso de dos mujeres
separadas durante diez años. El tipo de relación de los personajes no se aclara
pero es obvio que ha existido un pasado íntimamente compartido –casi
simbiótico- desde la infancia y la adolescencia. Dunia y Sandra son ahora
mujeres en sus cuarenta y de aspecto profesional.
Acertadamente
el encuentro inicial esta coreografiado en una danza lenta en la que las dos
mujeres tratan de hallarse –como en una neblina – al mismo tiempo que reprimen
la exteriorización de sus conflictivas emociones. Con reserva, y tratando de
reconocer la huella dejada en ellas por el tiempo, las dos mujeres empezaran un
dialogo, tirante a veces, que ira desplegando las reacciones contenidas. Axial
ellas pasaran - con cautela y mesura - de la evocación a la risa, del canto a
la nostalgia, de la distancia….al tango!
El
espectador se entera de esta manera que la brecha abierta en esta pareja radica
en el motivo mismo del éxodo y en el rol que cada una ha asumido como razón
vital: Sandra ha cortado sus raíces de un tajo al dejar el país y llevar con
ella la denuncia vehemente de los abusos del poder; Dunia se ha quedado en un
destierro interno, acosada por el clima de amenaza e incertidumbre cotidiano,
usando mecanismos de defensa para sobrevivir los miedos. La nota álgida surge
cuando ambas partes confrontan sus versiones y expresan, con dolor, sus dudas
sobre la inutilidad del sacrificio vivido. Ambas, por otra parte, se sienten
acusadas y enjuiciadas por su contraparte y esa sospecha detiene el flujo del
afecto, del reencuentro y de la vida que ahora las reúne. El denominador común,
de estas posturas antagónicas, sale a flote cuando Sandra y Dunia cobran
consciencia de que la juventud nueva “no tiene memoria” y se ha olvidado ya de
ese capitulo de la historia que a ellas –y a miles de compatriotas- los marco
radicalmente. Ante esta realidad, la alienación aflora simultáneamente en las
dos compañeras. Y es allí donde la obra alcanza otros niveles de significación
mas amplios ya que traspasa la situación especifica de caracter político para
llegar a un nivel existencial donde la soledad y los recuerdos habitan sin dar
tregua.
De
manera magistral la autora ha intercalado, a lo largo de la obra, la voz
inconfundible de Susana
Rinaldi al punto que la letra de las canciones parece entretejerse con
los parlamentos de la obra, y, aun mas, parece crear un tercer personaje
omnisciente. El recurso de la música actúa igualmente como soporte certero,
como raigambre profunda de estos seres fragmentados. El final esperanzador, que
se da a través de la voz de Rinaldi cantando apropiadamente “A pesar de todo”. así
como en la aceptación conciliatoria de Sandra y Dunia, atenúa tiernamente la
tensión emotiva mantenida en alto a lo largo de la pieza.
Es
oportuno añadir que Viviana
Marcela Iriart –novelista y periodista – estuvo refugiada en el
consulado de Venezuela a los 21 años, etapa en la que empezó su exilio que la
llevaría a varias latitudes hasta ubicarse en Venezuela. A juzgar por el
interés manifestado con el estreno de PUERTA
ABIERTA…es dable augurar a la escritora Iriart muchos éxitos en sus futuras
obras.
Dra. Susana D. Castillo (San Diego State University)
Universidad de Kansas, Otoño 2007, Estados Unidos
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| Cuadro José Augusto Paradisi Rangel. Diseño gráfico Jairo Carthy |
“En Caracas hay un joven director que ha encontrado la esencia del estilo épico de Brecht y los elementos de los métodos de trabajo de Peter Brook, en soledad, lejos de los maestros europeos. Ese director es Carlos Giménez”. Glenn Loney, Universidad de Cambridge, 1986.
¿Quién fue Carlos Giménez? ¿El genio argentino-venezolano que fue convocado y alabado desde los 17 años por Jack Lang, Joseph Papp, Giorgio Strehler, Pierre Cardin, García Márquez…?
¿El que a los 19 años ganó sus primeros premios en Europa?
“Carlos Giménez era uno de los más grandes talentos que ha tenido el teatro en el siglo veinte. Hubo instantes en que su voz y el teatro eran lo mismo. Con su trabajo elaborado en un nivel que suscitaba admiración y asombro, Carlos Giménez logró que resultara imposible olvidar su obra y su carismática persona”. José Pulido, fragmento del prólogo.
¿El fundador del Festival Internacional de Teatro de Caracas, el Festival Latinoamericano de Teatro de Córdoba, la Fundación Rajatabla, El Juglar, la Fundación Artistas por la Vida…?
¿El genio que dedicó su corta vida a denunciar al poder político-religioso a través de montajes llenos de poesía y magia?
“Carlos Giménez realiza una puesta ritual, tenebrosa, sofocante, monumental que emana un poder del que no se puede escapar y que ni el idioma español puede expresar”. Der Tagesspiegel, Berlín, 1982.
¿El artista que fue perseguido por dictaduras, censurado por democracias, deportado, encarcelado, torturado, víctima de campañas de desprestigio por ser homosexual?
¿El hombre amable y generoso que ayudó a cientos de personas con dinero, becas, trabajo…?
¿El hombre que, según la leyenda, tenía tan mal carácter que lanzaba máquinas de escribir por la ventana cuando se enfurecía?
¿El hombre tan seductor que podía enamorar hasta las piedras?
“El director ofrece un drama de tan ardiente erotismo que es difícil saber si el olor a fuego en el auditorio proviene de los braseros en el escenario o de los cuerpos de los actores. El Sr. Giménez crea un espectáculo con la belleza y la grandeza cromática de una pintura de Gericault”. The New York Times, 1987.
Carlos Giménez nació en Argentina el 13 de abril de 1946 y murió en Caracas el 28 de marzo de 1993. En apenas 29 años dirigió 101 obras de teatro, creó más de 20 instituciones, realizó 34 giras por cuatro continentes y recibió más de 100 premios.
“No había tomado en cuenta la brillantez del director y adaptador Carlos Giménez cuya versión me impactó muchísimo. La genial producción de Carlos Giménez está destinada a ser una de las más espectaculares del Festival”. The Guardian, Londres, 1991.
Con prólogo del poeta José Pulido, cuadro de portada del artista José Augusto Paradisi Rangel y diseño gráfico del artista Jairo Carthy, ¡Bravo Carlos Giménez! de Viviana Marcela Iriart, nos acerca a este artista y ser humano fascinante a través de entrevistas y textos de personalidades de la cultura mundial como Jack Lang, Norma Aleandro, Rolando Peña, María Teresa Castillo, Carlos Pérez Ariza, José Simón Escalona, Marcelo Pont, Roland Streuli, Àngel Ancona, Àngel Acosta, Irene Arcila, Azparren Giménez, María José Alfaro, Teresa Selma, Roberto Moll, Esther Khon de Cohen, Mariel Jaime Maza, Juan José Bartolomeo, José Luis Montero Conde, Carmen Carmona, Alvin Astorga, Beatriz Angelotti, Elio Palencia, Francis Rueda, Rodolfo Molina, Xiomara Moreno, Gabriela Llanos, Elaiza Irizarri, Paulina Gamus, Cecilia Bellorín, Luis Garván, Juan Pagés, Migdalia Guerrero, Rubén Monasterios, Jorge Arán, Miguel Bazano, Diego Balaguer, David Blanco, Marta Candia, Aitor Gaviria, Sonia M.Martin, Ángel Fernadez Mateu, Nestor Muzo, Jorge Pinus, Aura Rivas, Pilar Romero, Francis Rueda, Carlos Cassina, Roberto Magurno. ¡Bravo Carlos Giménez! es una edición de Escritoras Unidas & Cía. Editoras.
“Absolutamente emocionante. Todo el mundo quedó en suspenso desde la primera palabra hasta la última. No se oyó volar una mosca, no se oía respirar”. Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, México, 1989.
El libro también contiene artículos escritos por Carlos Giménez que, además de todo, escribía muy bien.
Parte de las ganancias del libro serán usadas para comprar el libro y donarlo a bibliotecas de Argentina y Venezuela.
El libro está a la venta en Amazon