Y ASÍ PASÓ... "TARA, Poesía de Museo", por Jairo Carthy / Caracas, 4 de enero de 2026

 


Trabajar en la Ópera de Caracas era una aventura, pero estar en el Museo del Teclado con el equipo de la Dirección de Música de Fundarte era, literalmente, vivir una comedia constante.

 

¿Recuerdan   la   anécdota   de    LEscuelita?   Pues   con   ese    mismo combo protagonizamos una de las experiencias s delirantes que he vivido. Todo empezó el día en que al Museo , ese lugar solemne que soa estar s solo que la una (porque nadie iba a ver la colección de pianos), le llegó un cargamento misterioso.

 

Consistía en un montón de cajas y una estructura metálica giratoria, enorme y pesada. Parecía un artefacto de la NASA. Cuando abrimos las cajas, ¡sorpresa!: eran las ediciones de poesía de Fundarte. La estructura era un exhibidor para que el público (ese que no iba) pudiera girarlo y elegir un libro.

 

Todo iba sobre ruedas hasta que Ana Cecilia Abreu soltó la bomba:

¿Pero ustedes ya vieron cómo son estas "poesías"?

Corina Michelena, con su honestidad de siempre, respondió:

Ni idea, a mí no me gusta la poesía.

Pero Armando Africano, que aunque era de la Ópera estaba pendiente, agarró un libro, lo hojeó y casi se va de espaldas:

¡No puede ser que esto sea poesía!

Nelly Zerpa se acercó intrigada:

¿Qué pasa, Armando? ¿Tienen errores?

¡Peor! respondió él—. ¡Es que cada página tiene una sola frase!

 

Yo no lo podía creer. Agarré otro ejemplar pensando que era un error de imprenta, pero qué va... una página decía una frase, la siguiente tenía tres palabras y la otra estaba casi en blanco.

- ¡Qué loquera! - exclamé -. Si esto es ser poeta, nosotros somos los próximos candidatos al Premio Nacional de Literatura.

 

Y ahí fue cuando la genialidad de Armando lanzó el plan maestro:

- ¿Y por qué no escribimos nuestro propio libro de poemas? Si ellos cobran por esto, nosotros tambn podemos.

-¿Pero qun nos va a patrocinar? - preguntó Ana Cecilia.

- ¡Eso es lo de menos! - dijo Armando. Primero la obra, después la fama.

 

Nos fuimos cada uno a su escritorio con una concentración sospechosa. Si alguien hubiera entrado en ese momento, habría pensado: "¡Caramba, qué eficiente es este equipo!".


Pero la realidad era que estábamos pariendo versos absurdos entre carcajadas contenidas.

 

Uno de los nuestros, Luis Salmerón (un fotógrafo guapo y talentoso), no participaba pero nos va desde la barrera. Luis era un torbellino: iba de Parque Central al Ballet, del teatro a la oficina, nunca se quedaba quieto. Armando decía que parecía una "Tara" (ese saltamontes inquieto que nadie puede atrapar).

 

¡Y listo! Ya teníamos título para nuestra obra cumbre: "¡TARA!". Y como subtítulo le pusimos la frase s intensa e incongruente que se nos ocurrió: He visto temblar la alegría.

 

Nuestra musa involuntaria termi siendo Isabel Palacios. Ella estaba en Nueva York y, como siempre, al volver nos reunió para contarnos sus andanzas. Nos habló emocionada de haber escuchado a Kiri Te Kanawa y de cómo, al salir del teatro con un frío de muerte, se encontró unos guantes negros de cuero en el taxi, que le salvaron la vida.

 

Mientras ella hablaba, nosotros nos cruzábamos miradas cómplices. Cada detalle de su viaje terminaba convertido en un "poema" de nuestro libro:

 

Como gotas de rocío cayeron guantes pal frío”.

 

Kiri Te Kanawa, la loca de Tacagua. La karateca loca ataca”.

 

La niña enferma de prístinos paisajes”.

 

Y aquello parecía”.

 

Cualquier frase, mientras s incoherente fuera, mejor quedaba en nuestro poemario. Eran muchísimos, pero lamentablemente el manuscrito original está perdido entre uno de los baúles de recuerdos de Armando, pero todos daban mucha risa y lo mejor es que fue un trabajo colectivo del grupo.

 

Cuando terminamos sacamos una copia para cada uno; no pusimos un poema en cada página como era la diagramación de los libros a la venta, pues no teníamos mucho presupuesto para estas travesuras, y se lo dimos a leer a cada persona de nuestro entorno: cantantes, profesores, pianistas, alumnos, que se morían de la risa. Fue algo muy divertido.

 

Quiero hacer un paréntesis necesario: siento un profundo respeto por el arte de escribir y por mis amigos poetas, esos arquitectos del alma que logran conmovernos con la palabra exacta. Disfruto muchísimo de la buena poesía, la que tiene profundidad y sentido. Nuestra aventura no era una crítica al oficio, sino una reacción llena dasombro ante lo incomprensible: no podíamos entender cómo una frase aislada y vacía de significado pretendía ser un poema.

 

Isabel Palacios, cuando descubrió el libro no lo podía creer, termi aceptando con una sonrisa que nuestra creatividad no teníamites ni sentido común.

 

Al final, entre versos locos y risas, nosotros tambn vimos temblar la alegría.

 

Y así pasó

Jairo Carthy

jcarthy@gmail.com 

 


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Más artículos en: Y ASÍ PASÓ 

 

´DETALLES METAFÍSICOS´ de JOSÉ PULIDO, por Alberto Hernández, 27 de diciembre de 2025

 

Ed. Choroní, diciembre 2025


Gabriela Pulido Simne



**´Metafísica: Parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras. Modo de discurrir con demasiada sutileza en cualquiera materia. Lo que sí se discurre´**
**Diccionario RAE**
**En ´Detalles Metafísicos´ los grandiosos espacios de la memoria se reducen hasta alcanzar el prodigio de una sensible verdad de sentimientos (…) la palabra poética al trascenderse a sí misma roza el rostro de la eternidad y convierte lo metafísico en un destello de luz**
**Rodolfo Izaguirre**
1.-
Mirar lo imposible, lo inasible, lo que está más allá de lo físico, lo invisible al ojo común, lo que es posible advertir desde la memoria o desde ese ´destello de luz´ que la poesía le imprime a la existencia. ´El ser en cuanto ser´ o ´el ser y el no ser´ como un cuestionamiento, como el instante ontológico, el que se asoma al espíritu y allí respira: la metafísica, ese más allá de todo, detallada por la curiosidad de quien sabe que ese más allá es parte del instante, del momento en que las palabras se materializan, en el instante en que la voz que estaba apagada resuena para alentar el tiempo y el espacio. Modo de discurrir, como río material, líquido y metafísico de Heráclito, como la corriente que nos inunda y nos ahoga. O como los pensamientos traídos por los sentimientos y añadidos a lo invisible
En este poemario de José Pulido encaramos ambos espacios, ambas inmaterialidades: el ser y el no ser, ese fenómeno que ilustra lo interior, lo que no vemos y puede convertirse en forma, en nombre, en sujeto que respira, en hombre, en mujer, en ese ´prodigio´ que es nacer, el que se consagra a la fe, a ese asunto tan delicado, tan sutil como es soñar desde una existencia intocada.
La poesía será siempre metafísica: un detalle que se aborda desde el vacío y transforma el espíritu, lo renueva o lo borra, porque la poesía –para algunos pensadores- puede ser peligrosa. En nuestro caso, en el que concierne al ser, el poeta recurre al equilibrio o se asoma al abismo. Pero también puede deshacerse de lo sombrío y revelarse iluminada, abierta a todos los sentidos, al alma y al cuerpo. Entonces es Ser. La poesía es un Ser que nos habita, razón por la cual José Pulido, ese incansable constructor de imágenes, de historias y de afectos, se nos muestra con este hermoso detalle donde cabe toda la belleza que lo sostiene, que lo habita sin descanso, porque el poeta no deja de decir, no deja de cantar, de escribir como si conversara con el lector o como si hilara un fraseo diario, cotidiano, extraído de su condición de hombre de la calle, de su casa memorial, de su niñez y su creencia en todo lo que significa la fe en lo eterno, en lo que algún día podremos ver de otra manera, convertidos en polvo metafísico.
Sólo un poeta puede mirar más allá. Sólo un poeta hace visible lo invisible, pero también hace invisible lo visible. Un poeta es capaz de oscurecer o iluminar. Y de ese oscurecimiento emerge la sabiduría, la voz que clama desde la página en blanco y se revela en quien se le aproxima. Vivimos en un mundo extremadamente físico, vulgar muchas veces. Si retomáramos la sombra que nos sigue, seríamos capaces de cantar o contar lo que nos precede. En estos poemas de José Pulido está todo su ser: aquel que lo advierte en plena calle, bajo el sol genovés, pero también bajo la sombra de un árbol de su ciudad natal. Es universal y local. Es detallista de lo que siente y metafísico de lo que sabe ver y decir.
2.-
Soplos cotidianos, poesía coloquial, poesía conversada. El autor es atajado por la vida de todos los días en la que lo metafísico está en las palabras anónimas, en quienes son parte de la audición del autor. Por eso dice: ´Los problemas de la casa/ son los mismos que sufre/ el universo´. He allí ese todo que parte de los familiar hasta convertirse en un aforismo, en una máxima que cabe en la boca de cualquiera que pasee por la plaza Miranda de Villa de Cura o se oiga en un café de Roma. Y mucho más allá de esa expresión, una terrible que también forma del diario devenir: ´…hemos estado fabricando infiernos´, una crítica que no soslaya la realidad de todos los siglos, pero muchos más los actuales donde el averno tiene múltiples caras.
Nuestro autor revisa el ánima de un ser que sueña con un ´negro triste en otoño no es lo mismo/ que despertarse llorando en primavera´. Suerte de giro circadiano verbal en el que la metáfora se desliza hasta ´la zona en donde nada conocemos/ es mejor no pensarla porque existe…´. No se esfuerza la duda en aparecer, como en toda poesía, como en todo intento por encuadrar el mundo.
Su yo interviene y se pluraliza: dos maneras de detallar lo que fue invisible, lo inmaterial. De esta manera Pulido nos avisa en estos versos entrecortados: ´Me he quedado agotando lo profundo (…) lo imaginado ya está en el lugar de llegada (…) La forma del vacío puede ser tan triste (…) hoy tampoco saldremos si te duelen las alas´.
(Como un descanso, el libro nos ofrece en grafemas mucho más grandes una ironía y humor que en algunos poemas se enlaza con el resto de los textos. Dice así: ´Una oración en pleno camino de la lectura donde las galletas María y la Madre de Dios ruegan por nosotros en medio de un bolero en la radio.)
Aquí lo demuestra: ´¿De qué hablas con tu esposa cuando beben café´.
3.-
Instantes simbólicos en esta revisión humana desde la intuición aérea: ´Vi pájaros volando con angustia´, y dice como para él mismo: ´…las voces que hablan de toda materia inverosímil´.
De pronto, aparece el autor de ´La metamorfosis´, quien, de acuerdo con el ensayo de Karl Krispin Kafka paseaba en bicicleta por toda Praga. Aquí Pulido lo convierte en ´Kafka de la guarda´, ángel que se tropieza con Rilke en la puerta de un baño y allí ‘siguieron aguantando las ganas de orinar´. Verso crudo, abierto a cualquier interpretación.
José Pulido no olvida su fe, su creencia cristiana, pero lo hace desde la desnudez de las palabras, desde lo que ya hemos advertido, desde la verdad desnuda de lo diario.
En este segmento de un texto del venezolano podemos leer: ´La mujer ciega va llorando por toda la sala/ desvinculada de la hora del día/ su propia familia ha prohibido/ que se acerque donde hacen los milagros´. La imagen de Jesús es parte de esta breve historia incluida en un poema.
Insiste en esa profusa inclinación bíblica cuando exclama: ´…abundan los mensajes/ en las piedras más calladas´, aquella piedra que era Cristo, como tituló una vez Miguel Otero Silva. Jesús, personaje poético, inmaterial e inmortal, por tanto metafísico, parido por María, de carne y hueso.
4.-
Este es un libro la reencarnación. Un libro que nace y renace. Un libro renacido de las cenizas del silencio. Por eso dice: ´Ninguna pasión es infinita´. No obstante se pregunta: ´¿Qué hacer con el útero?´: la matriz de donde emerge la santidad o el portador del infiero. Y vuelve a ese ´él´ personal que envuelve al lector: ´…los huesos de la nostalgia (…) Estaba lleno de palabras´.
Y para remarcar lo anterior regresa a la infancia, allá en su pueblo donde están los afectos, la memoria y algunos olvidos: ´Los sábados nos escapábamos de la tristeza´, y en una transferencia anímica nos dice: ´Encierro el huracán en un poema/ encierro el dolor en un poema´.
Estos son ´los grandes espacios de la memoria´, como señala Rodolfo Izaguirre. Estos son los detalles metafísicos que José Pulido ha visto, ha descubierto desde la sencillez de los profundo, desde ese precipicio que aparece de pronto y se transforma en palabras.






 

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